La libertad que no es libertad

José Luis Morillo Frías

Es muy común escuchar hablar de libertad, ¿pero sabemos lo que es la libertad? ¿algún pueblo de nuestra América ha conocido la libertad?

Me permitiré utilizar el Diccionario de la Real Academia Española, para aproximarme a la definición de este concepto, en el cual nos dice que: “es el estado o condición de quien no es esclavo”.  De igual forma también nos dice que: “en los sistemas democráticos, derecho de valor superior que asegura la libre determinación de las personas”.

Vista dichas precisiones, me surge otra pregunta ¿es Cuba menos libre que otros países del mundo?

Ante dicha interrogante, me permitiré hacer una comparación de mi interpretación de libertad, vista desde mi experiencia vivida, como un ciudadano que nació y creció en un barrio del Distrito Nacional.

Es imposible hablar de libertad donde hay pobreza, donde la miseria está presente en el día a día, en donde el dolor te hace perder hasta la ilusión, donde las personas tienen que competir para poder comer, donde los valores que se promueven, es que la gente tenga como norte de progreso salir del país, lograr que un hijo pueda ser pelotero, ser narcotraficante o ser político corrupto, para de esta forma lograr salir de la exclusión social.

La libertad que se promueve en nuestros países es aquella donde unas cuantas familias son dueños y señores del Estado, donde este termina arrodillado ante sus intereses, para privatizar la salud, para regalarles las empresas públicas, para entregarles los recursos naturales, para darles las playas, para pagarles las quiebras de sus bancos.

La libertad que nos han dado en América, ha sido la de recluirnos en el hacinamiento de barrios que carecen de todos los servicios básicos: sin agua, sin luz, sin medicina, con escuelas para desertar, pues no hay condiciones mínimas para estudiar.

Esa libertad la que condena a las personas a morir antes de nacer, pues produce ejércitos de pobres, que vivirán pobre toda su vida, porque el sistema les reduce cada vez más las oportunidades de poder vivir con dignidad.

La libertad que conocen nuestros pueblos es la que condena a los excluidos hacer fusilados en las calles por violar la ley, esa ley que les da apertura a quienes tienen dinero para que evadan impuestos, para que contrabandeen, para que vendan medicamentos falsos, para que importen leche dañada, para que viertan tóxicos en los ríos, para que exploten emigrantes, para que paguen salarios de miserias, para que engañen al Estado.

Es esa libertad que expulsa cientos de personas a salir del país, teniendo que dejar sus hijos, su pareja, sus amigos, en aras de tratar de conseguir un progreso que le fue negado en su patria.

Es esta falsa libertad que deja fuera a miles de jóvenes que no pueden trabajar, ni estudiar porque este sistema los excluye y los convierte en reservas para la criminalidad.

A esto que les llaman libertad, es la libertad de unos cuantos, de esos que viven en la opulencia, en la holgura económica, mientras miles son víctima de un sistema que lo entierra vivos, que les niega la oportunidad hasta de pensar, pues donde no se puede estudiar, no hay manera de cuestionar, ni mucho menos de aportar al cambio que requiere una sociedad.

Esta libertad es la que ha deshumanizado a las personas, convirtiéndolas en máquinas que solo ven el consumo, donde se ha perdido la sensibilidad, convirtiéndose en individualistas, sin principios, donde la moral es la que impone el dinero.

Quiero decirles que si esta es la libertad que buscan encontrar en Cuba, les aseguro que no la encontraran, porque en este país se promueve la libertad que busca seguir teniendo a la humanidad como el centro de todo, donde lo poco que se tiene, es para garantizar que las personas puedan vivir con dignidad.

Por eso hablar de Fidel Castro, es decir libertad, pues le dio dignidad no solo a Cuba, sino también la humanidad.

Sus aportes son de trascendencia universal, esta humanidad esta compelida a cambiar, pues la libertad no puede seguir siendo la de lo material, libertad es vivir con dignidad.

Solo me queda decirte: hasta luego comandante!