La literatura dominicana vista por un italiano

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POR FÁTIMA ALVAREZ
El arte es una expresión del alma que no tiene fronteras. Pero ¿cómo hacer llegar hasta los más distantes lugares del mundo las historias que ocurren en la realidad o en la ficción de las mentes calenturientas de pasión por la palabra? Sólo es posible a través de la traducción fiel de las obras que, de otra forma, apenas encontrarían algún oscuro espacio en alguna remota estantería.

Incluso, a veces traducida, si la obra se mantiene ininteligible, no tendrá nunca la vigencia del tiempo, no madurará como los buenos vinos ni obtendrá la calidad del clásico, cuando la historia así lo decida.

Este es el papel de Danilo Manera frente a la literatura. Manera está en el país como escritor-enlace entre sus conciudadanos escritores y la Organización de la Feria del Libro, que inicia el próximo 21 de abril y que tiene como país invitado a Italia. Aunque la visita es de carácter oficial, es de sospechar que el caleidoscopio de emociones que debe originarse entre escritores dominicanos y Manera es uno tan íntimo y cómplice, como la alegría del italiano por disfrutar estas calientes tierras.

“Uno de los aspectos más atractivos en la cultura dominicana es su matiz, su origen a partir del mestizaje, ese crisol que formula un equilibrio nuevo. Este pueblo, el más mulato del mundo, está en un punto extraordinariamente interesante de equilibrio que ha sabido producir en varias épocas una cultura abigarrada y al mismo tiempo una especie de talento común, de sabor, de fondo dominicano.

Creo que el futuro de todas las artes, y la literatura concretamente, está en su capacidad de mezcla y de reescritura. El mundo en que vivimos es cada vez más multiétnico y pluricultural, nosotros podemos aprender mucho de las convivencias que se han producido entre culturas en el Caribe y la reformulación de identidad que se ha creado aquí, una identidad que no es estática, que sabe mejorarse”. Manera destaca el papel de la diáspora dominicana y su confrontación con su realidad literaria de cara al país receptor, que les crea lo que él llama “una fértil contaminación” que los predispone al intercambio.

Es ese intercambio al que hace alusión el escritor lo que facilitó el “cross-over” de literatos dominicanos a tierra italiana. “Entre Italia y República Dominicana hay muchas raíces comunes que se ven en nuestros idiomas; distintos, pero con una raíz común. También en ciertas formas de concebir el mundo, en nuestras raíces cristianas, con todo esto, tenemos las bases para dialogar”.

Para el profesor de literatura española contemporán ea, las culturas más antiguas tienen el deber y el privilegio de ensanchar sus horizontes abriéndose con humildad a las otras culturas. “Es una suerte para el lector italiano tener unos doce libros dominicanos en las estanterías italianas, pero también es una suerte para el turista y para aquellos que nunca han venido a la isla y que a lo mejor leyendo le surgen las ganas de hacerlo, o para los que nunca irán, pero que con la fantasía, con la reflexión de la soledad lectora pueden disfrutar de historias, emociones, sueños, dolores… La literatura es una relación paritaria, es el intercambio de lo mejor que tenemos”.

El ensayista y crítico literario muestra por República Dominicana un sentimiento profundo, que va más allá del aquí o del ahora. “Aquí uno encuentra un poco sus caminos, sus tierras. No creo en la reencarnación, pero de creerla, pensaría que debo haber sido dominicano, porque me reconocí en seguida en esta tierra donde siempre he sido recibido con una disponibilidad, una apertura y una inteligencia realmente altísima. A veces vuelvo a mi país y aunque no he cambiado de color, por dentro vuelvo consolado por el calor y el color de esta tierra”.

EL TRADUCTOR Y SUS OBRAS

“En ciertos momentos he encontrado aquí condiciones favorables y temas apasionantes nunca antes estudiados por otros italianos, y me parece que con su historia dolorosa, el dominicano ha sabido enfrentarse con esa problemática de forma visceral. En los dominicanos está siempre el conflicto político, la sociedad, la injusticia, el conflicto sexual, las ganas de muchos de irse a buscar fortuna y de la inmensa nostalgia de regresar, la realidad de compartir la isla con Haití y las cosas que los unen. Por mucho tiempo aquí se escribió por pura pasión, no por vanidad o éxito social. Es como una dedicación, una profesión de fe. Y cuando se hacen las cosas por una necesidad interior, el resultado tiene otra calidad.

MANERA, ITALIA Y CERVANTES

Danilo Manera dictó en el país la conferencia que cerró el ciclo pre-inaugural de la VIII Feria Internacional del Libro. La actividad versó sobre El Quijote e Italia, país indisolublemente ligado a la creación de Cervantes.

Fue la lectura, entre otras, de “Orlando el Furioso”, poema épico del Renacimiento italiano, parte de las obras que modelaron en la mente de Cervantes su obra cumbre.

“Muchos años después le vendría a la mente crear “El Quijote” como lectura alternativa de las novelas de caballería que tanto les gustaban cuando era camarero y luego soldado en Italia.

El Quijote en Italia, pese a que ha tenido altibajos, representa la vigencia universal de un clásico. El milagro se da siempre en la historia de la cultura humana, por eso hay que reflexionar porqué este personaje y su autor han cruzado el umbral de tantas tierras y tantas épocas, manteniendo aún el espíritu quijotesco que aún anima a muchos autores”.