La manipulación de las masas

Mientras se divulga el libro de Naomi Klein y la “doctrina del shock” es conveniente recordar. Todo se inició con la Guerra del Golfo. La divulgación al mundo  de los bombardeos sobre Bagdad, en vivo, como un hecho cotidiano  transformaba la guerra en una  lucha de pandillas de barrios o episodio de una película, fue utilizada para  crear en el mundo un “estado de shock”, de fascinación, de inmovilidad frente a los acontecimientos.

¿Quién no presenció el salvataje de los mineros chilenos? El mundo  fue inducido a seguir paso a paso los esfuerzos sin límites que realizaba el gobierno del Presidente Piñera para salvar unas treintas vidas, demostrando al mundo su generosidad, su amor al pueblo y, por fin, la solidez de la moral del pueblo chileno a prueba de golpe. Así dejaba un mensaje subliminal de la solidez del “padre de la patria chilena” y la unidad del pueblo chileno, tras una tragedia. En las imágenes, la emoción sin control pasaba de la esfera de lo privado a una emoción colectiva, no había individuos, esposas o hijos sino un pueblo, una masa sin rostro viviendo minuto tras minuto el heroísmo de una nación.

Chile vivió la misma emoción y la misma manipulación de las masas  frente a un equipo de televisión que murió en el Pacífico tratando de aterrizar en la Isla Fernández. Días tras días, el pueblo entero fue sometido a las emociones de la mala noticia, a la invocación a la esperanza, a la búsqueda de los cuerpos de las víctimas, se provocó una reacción colectiva de expresiones de pena, de sufrimiento individual transformado en colectivo, como si fuera un contagio progresivo de las masas.

 Los medios masivos de comunicación actuaron como el “cemento” de una masa perturbada por las huelgas y las protestas estudiantiles, que desaparecieron de los tabloides y de las pequeñas pantallas.

Ayer, supimos del Golpe de Estado al Presidente Correa. Recordamos que los medios de comunicación de masas nunca dijeron  que se trataba de un Golpe, las imágenes nos mostraban a un Presidente tambaleado y paseado por una masa confusa, mientras las imágenes enfocaban individuos, creando así la sensación de acciones aisladas,  de un desorden en esa nación, jamás supimos que se trataba de una reacción popular frente a un golpe.