La maravilla de tener un buen autoestima

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POR ANNA JIMÉNEZ
Todos los seres humanos somos partes y porciones del Señor Supremo, por lo tanto somos muy valiosos. Cada uno de nosotros tiene una relación única y especial con el Creador, lo que reafirma nuestro valor.

Por otro lado, al analizar la parte corporal (órganos y sentidos de nuestro cuerpo) nos maravillamos de la perfección con la que han sido creados. La estructura de un ojo, la ingeniería de un oído, la percepción de la piel, lo magistral del diseño de una mano y nuestras facultades psíquicas, muchas de ellas aún desconocidas y otras que nos sorprenden por su singularidad. La capacidad de autodistanciarnos de nosotros mismos, la conciencia como juez interno, la cualidad de sonreír aún a pesar de las adversidades, la generosidad de las personas para auxiliar a otras más necesitadas, la sensibilidad para crear poesía, música, arte; todo esto y mucho más son motivos para valorarnos.

El deseo de avanzar, tanto espiritual como materialmente, es una imperiosa necesidad y para esto es fundamental creer en nosotros mismos. De este paradigma depende nuestra evolución, nuestro avance o retroceso.

En el campo de la productividad solamente se puede esperar tareas de calidad, en la medida en que la persona se crea a sí misma capaz de realizar acciones de calidad y esto se hace extensivo a todos los campos: si creemos en nosotros mismos nos exigiremos mayores rendimientos.

Todos los seres humanos poseemos un potencial extraordinario, no podemos negar que lo tenemos, pero quienes desconocen su existencia no pueden utilizarlo.

El vehículo que nos permite lograr la realización integral de nuestra mente y nuestro cuerpo, es el conocimiento, la educación. Lamentablemente en la historia del mundo, muchos seres humanos han nacido y vivido sin saber para qué y por qué han existido.

No existe peor esclavitud que la ignorancia, la cual ha condenado a muchos seres sólo a vivir biológicamente y no existir en plenitud.