La marcha de Santiago: plural y contundente

Cesar Perez (Profesor Universitario)

La organización, el carácter multitudinario, el orden en que discurrió, la pluralidad de organizaciones sociales y políticas que en ella participaron, la variedad etaria y de clases, la alegría, creatividad, puntualidad con que se inició y la sobriedad y contundencia del acto final, entre otros elementos positivos, de esta última marcha en Santiago contra la impunidad y la corrupción, son indicadores de una maduración hasta ahora sostenida del movimiento de protesta que evidencian su enorme potencialidad política. No obstante, también evidencia que este movimiento es más complejo de que lo algunos podrían creer y que en su complejidad y potencialidad radica la particularidad de necesaria y correcta direccionalidad política.
Cuando el sentimiento contra la corrupción y la impunidad se expresa en las calles, se produce una concreta coincidencia en espacio y tiempo de una multiplicidad de actores con diferencias políticas, sociales, culturales y referenciales, cuya articulación es imprescindible para darle consistencia como movimiento primero y como forma de organización política después, para lograr un cambio de la actual forma de administración de la cosa pública en uno u otro sentido, que es lo que en esencia quiere todo aquel que asiste a las acciones de protestas. Los singulares individuos y la significativa cantidad de organizaciones políticas y sociales que desfilan en las marchas con sus cartelones y consignas expresan sus identidades, sus referencias, las cuales se expresaran en el momento del acuerdo sobre los alcances y cómo se lograría ese cambio.
La demanda del fin de la corrupción y de la impunidad es una demanda esencialmente política, no sólo ética, y el hecho de estar dirigida contra un grupo político/económico que han creado una estructura de la corrupción e impunidad para su modo operandi, determina que cualquier acuerdo en ese grupo sea prácticamente inviable. En ese tenor, el fin de la impunidad y la corrupción difícilmente pueda lograrse mientras este grupo mantenga el control del Estado que, motu propio, no acabará con su modo operandi. ¿Cómo cambiarlo?, es la cuestión. En general, el fin manifiesto de quienes participan en marchas y otras formas de protesta es para que además penalizar a los implicados en los sobornos a políticos y empresarios de parte de Odebrecht, aquí se establezca una forma de gobierno distinto y opuesto al que tenemos.
En tal sentido, en las discusiones o reflexiones (de colectivos o de singulares personas) sobre la forma de superar el actual estado de cosas, entre otras, se expresan las siguientes ideas/guías: 1ro. a través de acciones de fuerza que hagan saltar del poder a quienes lo controlan. 2do. mediante la renuncia forzada del Presidente con las posibles sustituciones: en primera instancia la vicepresidenta, en su defecto el presidente del Senado y/o finalmente el de la Suprema Corte… y 3ro. A través de elecciones. Poquísimos creen viable lo primero, pocos preferirían lo segundo porque no cambiaría nada; por lo tanto, consciente o inconscientemente la mayoría se inclinarían por lo 3ro.
Asumir cualquiera de esas alternativas, u otras que podrían haber, constituye un desafío sólo superable si se reconocen y articulan la pluralidad de identidades que concretizan el movimiento de protesta.
Que cada quien extraiga sus conclusiones….