La mujer en neruda: Algo más que Matilde

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 POR CHIQUI VICIOSO
¿Quién que de pasión conoce no se ha deleitado con el poema “El Tigre”, en Los Versos del Capitán de Neruda y su “amor asesino”?

Soy el tigre.
Te acecho entre las hojas
Anchas como lingotes
De mineral mojado.
Entonces en un salto
De fuego, sangre, dientes,
De un zarpazo derribo
Tu pecho, tus caderas.
Bebo tu sangre, rompo}
Tus miembros uno a uno.
Centinela implacable
De mi amor asesino.

¿Quién que del amor sabe no ha encontrado su mejor definición en los versos de “El amor”?

¿Qué tienes?  Yo te miro y no hallo nada en ti sino dos ojos como todos los ojos, una boca perdida entre mil bocas que besé , mas hermosas, un cuerpo igual a los que resbalaron bajo mi cuerpo sin dejar memoria”.

Y en el poema:

Amor que “no solo es fuego”

Ay vida mía
No solo el fuego entre nosotros arde,
Sino toda la vida,
La simple historia, 
El simple amor
De una mujer y un hombre parecidos a todos”.

Poemas donde, como en su Oda a las Germinaciones, todo germina en la mujer amada, mujer/deseo, “forma que se ama”

“Ay todo de tu piel vuelve a mi boca,
vuelve a mi corazón, vuelve a mi cuerpo,
y vuelvo a ser contigo
la tierra que tú eres:
eres en mi profunda primavera:
vuelvo a saber en ti como germino”.

Mujer: ¿deseo, “planta insatisfecha”, movimiento, o quemadura, acto de sangre o pétalo de fuego, hilo de trigo y agua, de cristal, palabra y madre, trabajo e ira, sombra y ternura?

Mujer, decimos, al recordar al poeta Pablo Neruda y enseguida regresa la memoria de la musa de Los Versos del Capitán, Matilde Urrutia; de la javanesa-holandesa María Antonieta Haagenar Vogelzans, con quien Neruda se casó en 1930 y tuvo su única hija, Malva Marina, fallecida en Madrid en 1942; y de Delia del Carril, pintora argentina “pasajera suavísima, hilo de acero y miel que ató mis manos”, 20 años mayor que el poeta; o de esa “terrorista amorosa”, la “pantera Birmana” Josie Bliss, que tantas veces intentara asesinarlo por celos, incendiarle la casa y le persiguiera hasta Ceilán, insultando y amenazando con un cuchillo a quienes visitaban la casa del entonces Cónsul de Chile.

Mujer, decimos, desconociendo la identidad de las novias de adolescencia que inspiraron los famosos 20 poemas de amor y una canción desesperada, poemario que con el tiempo catapultaría a Neruda como poeta universal. Muchachas a quienes el poeta nombra con los seudónimos de Marisol y Marisombra, Terusa y Rosaura; y que en el Canto define como “amada sin nombre” o “La estudiante”.

Hoy sabemos por Antonio Skármeta, famoso por su libro La Ardiente Impaciencia, luego llevado al cine como El Cartero de Neruda, que los 20 poemas de amor y una canción desesperada fueron inspirados por tres mujeres.  De su Temuco original la enigmática Teresa de León, a quien van dirigidos la mitad de los versos; de sus estudios de francés, en el Instituto Pedagógico, Albertina Rosa Azocar y, según declaraciones del propio Neruda (en 1954) Maria Parodi.

Y  hasta aquí llegarían estas palabras sobre la mujer en Neruda, si al hablar de la mujer en el poeta chileno estuviese limitada nuestra intención al listado de personas del sexo femenino, o “musas” que acompañaron en distintas etapas al más universal de todos los poetas latinoamericanos.

Empero, ¿era y es la mujer en Neruda la “pequeña rosa, rosa pequeña”, “reina” (“Hay más altas que tú, más altas: hay más puras que tú más puras: hay más bellas que tú más bellas, pero tú eres la reina”); “la risa” (“riéte de la noche, del día, de la luna, riéte de las calles_niégame el pan, el aire, la luz, la primavera, pero tu risa nunca porque me moriría); “el agua de las olas marinas”; “grano de trigo”; “alondra”: “tierra en la vendimia”; “flor del mundo”?

La respuesta a esta pregunta se encuentra de manera diáfana y contundente en el poema “Pequeña América”, de Los Versos del Capitán, donde dice Neruda:

“Cuando miro la forma
de América en el mapa,
amor, a ti te veo
Y así mi patria extensa me recibe,
Pequeña América, en tu cuerpo.
Y así a lo largo de tu cuerpo,
Pequeña América adorada,
Las tierras y los pueblos
Interrumpen mis besos
y al sabor de tu amor se agrega el barro,
el beso de la tierra que me aguarda”.

En este poema, como en algunos  de Residencia en la Tierra, aparece la identificación “mujer-amada-patria”.

“Patria limitada por dos largos brazos cálidos,
de larga pasión paralela”

Y si América es una mujer, Neruda es su amante por excelencia, y El Canto General la más hermosa declaración de amor escrita por el poeta calificado por muchos como “el hermano menor de Homero”:

“Tierra mía sin nombre, sin América,
estambre equinoccial, lanza de púrpura,
tu aroma me trepó por las raíces
hasta la copa que  bebía, hasta la más delgada
palabra aún no nacida de mi boca”.

(“Amor América”, vs.34-46)

La relación con América es la del “novio” de su “oceánica dulzura” (poema homenaje a Balboa y su descubrimiento del Pacífico); del hijo “del nuevo útero del mundo”; de la tierra y el agua, los ríos y los mares, materias a las que siempre llamará “madre”; la del hijo de los árboles; o de la “América arboleda”:

“De tu espesura madre recogías
el agua como lágrimas vitales”

(Los ríos acuden, vs. 1-20)

Madre que reaparece durante todo El Canto General, en la flora, en la fauna, en la piedra, en el metal

“Madre de los metales,
te quemaron, te mordieron, te martirizaron
te corroyeron, te pudrieron
La tierra hizo del hombre su castigo.

(Libro XIV, poema II)

Simbiosis que se repite en el libro XIII del Canto, en el “Coral de Año Nuevo para mi patria en tinieblas”, donde dice el poeta:

“Ellos creen que ya te tienen muerta,
cuarteada y en la orgía de sus designios sucios
te gastan como dueños.  No los amo.
A mi déjame amarte en tierra y pueblo”.

(Patria que quieren
repartir, vs. 5-16)

Así, nos dice María Solá, en su libro Poesía y Política en Pablo Neruda, se comprueba que Chile está transfigurado en materia  poética y filosófica, y, además, indudablemente, confundida simbólica y amorosamente con la mujer (es) amada(s) por el poeta. (p.187).

La identificación animista de Neruda con la naturaleza, la tierra, las aguas, y de estas con su madre, con la mujer amada, no conducen al poeta a reconocer la presencia de la mujer

como ente real, patriota, soldado, gestora de las luchas libertarias, en su poesía y muy particularmente en esa crónica épica y lírica que es su poema más importante:  El Canto General.

En el Canto VII, El Pueblo:  La Patria, por ejemplo, Neruda menciona a quince personajes que representan al heroísmo y todos son hombres, aunque cinco versos están dedicados a Benilda Varela, esposa de un minero que fue torturado en Concepción, Chile, en 1949.

Lo mismo sucede con el canto dedicado a “Los Libertadores”, donde afirma María Solá:

”Llama la atención, sin embargo, que Neruda, escritor comunista y, por ende, supuestamente comprometido con la reivindicación de la mujer como protagonista de la historia, no mencione siquiera a Micaela Bastidas.  Esta mujer bronca y previsora, tuvo tanta injerencia como su marido Tupac Amaru en el desarrollo de las audaces acciones políticas, sociales y militares que se dieron en el breve espacio de varios meses de 1781.  Micaela Bastidas tampoco le fue a la zaga a su marido en la dignidad heroica con que soportó las horribles torturas a que ambos fueron condenados antes de ser ejecutados, mártires de unos ideales cuyo momento no había llegado”.  (p.154).

Es justo consignar aquí que Neruda le escribió  a Manuela Sáenz (la “Libertadora del Libertador” Simón Bolívar) un poema:  “La insepulta de Paita”, que no figura en El Canto General, pero que luego publicó en sus “Cantos Ceremoniales”, en 1961.

En “La Tierra se llama Juan”, libro VIII del Canto, escrito con la misma lengua del pueblo narrando la vida de los trabajadores, faltan las Juanas.  De nuevo de los quince trabajadores seleccionados solo dos son mujeres y, nos dice Sola, “cuyo papel en la historia no realza particularmente Neruda”, y me atrevo a afirmar que la razón estuvo en que si tierra, patria y América son entidades femeninas en el mundo Nerudiano, estas

“Nacen de los leñadores,
de hijos sin bautizar,

de carpinteros,
del pueblo”.

(“Hoy nacerás del pueblo como entonces”,  de América Insurrecta (1800), vs. 17-22, 27-34).

Es decir, de una génesis definida a partir de la visión naturalmente masculina del poeta, empero nacida de leñadores, o carpinteros, de hijos sin bautizar, del pueblo, a esa patria, mujer-amada, América, dedicó Neruda su última y permanente residencia en la tierra, no la primera de 1933, la segunda del 35 o la tercera del 47, sino la que resumió todos los amores de su vida, todas las mujeres de su vida, desde su madre biológica (la cual perdió cuando apenas tenía dos años)y su amada madrastra; a todos los amores que desembocaron en Matilde, la primera en admitir que la mujer en Neruda, su amante, esposo y compañero, es tierra, mar, ríos lluvia, flora, fauna, solidaridad, amor, libertad, patria, Chile, América, pájaro, alas.