La mutilación del diálogo electoral

Las campañas electorales por la Presidencia se han caracterizado por mucho tiempo en transcurrir con escasez de la imprescindible cercanía retórica entre aspirantes y la nación misma en escenarios radiotelevisivos de alcance nacional concurridos por representaciones de la prensa que constituye el vehículo esencial para llevar hasta los candidatos interrogantes nacidas del legítimo interés de ahondar en criterios sin restricción de asuntos. El debate entre postulados y los medios que representan a la sociedad y entre ellos mismos en civilizado combate verbal a la vista de la colectividad, es hoy por hoy herramienta de principalía en los sistemas democráticos. Funcional institución… menos aquí.

Se prefiere la más de las veces, y desde el oficialismo dominante de los últimos 20 años, reducir la divulgación de opiniones y propuestas al ejercicio unilateral de quien en ese momento pretenda el solio. Solo se apela a discursos aprovechables para pasar por alto los cuestionamientos a programas de gobierno y dejar sin respuestas preocupaciones del electorado sobre antecedentes y trayectorias de individuos. Una forma de empobrecer el intercambio de conceptos reduciéndolo al autoelogio y a la descalificación de adversarios sin contrastar argumentos. Un modo que hace persistir los vacíos de criterios que permitan construir imágenes verosímiles de candidatos y propuestas. Sincerarse en demostración de respeto a la ciudadanía.

Enfocarse en los envejecientes

En función de las leyes actuales y la efectividad de instituciones de República Dominicana, el crecimiento de la población que pasa a retiro con necesidad de protección plantea un desafío social que se agranda velozmente. Alrededor de un millón de personas sobre los 60 años de edad y un promedio de vida en ascenso. El componente demográfico activo que provee fondos para cubrir a la vejez también se reduce, como en otras latitudes. Muchos seres humanos al borde del desamparo.

Urge expandir con versatilidad las entidades que llevan dignidad y suficiencia material a quienes pierden la forma de valerse. Contra esas metas conspiran dos realidades: el fisco dominicano es de baja captación y el sector informal de la economía sigue fuera de aportar a la protección social y de recibirla. Fallas institucionales.