La nave de la economía también en escora

POR ARTURO MARTÍNEZ MOYA
Parece que la experiencia de navegación del amigo Piantini es en agua dulce, en charcas de manera específica, rodeadas de pequeños pueblos rurales, de cementerios de cualquier cosa y de húmedos terrenos, y no me extraña que desde su bergantín creyera haber visto espiritus malignos en uno de los cementerios de seres humanos, y que de repente, se les parecieran fuegos fatuos, para finalmente despertar en una economía, la dominicana, que demanda de una reorientación, y donde él pudiera jugar un mejor papel. Así, en su más reciente trabajo publicado, el amigo economista también demostró pocos conocimientos marinos (por lo menos, ya somos dos los inexpertos). Hizo referencia a fuegos fatuos marinos como visión en el mar, cuando en realidad lo que vió fueron presunciones de fuegos en los cementerios, por descomposición de los cuerpos que produce la sensación de que todo está perdido.

El amigo economista de manera muy sutil dejó la impresión de que no había diferencia entre la política monetaria actual y las luces pálidas que producen los fuegos fatuos, es decir, ambas cosas son pálidas. Prefiero decir que la economía, que se maneja en dirección a la popa, corre el riesgo de entrar en escora, por los golpes de timón mal dados, es decir, porque la política monetaria y la política tributaria hasta el momento han repartido inadecuadamente la carga social. Si no se corrige la mala distribución de la carga, cualquier golpe de mar, como podría ser el fuerte desempleo que se produce en las zonas francas y en las empresas fuera de ellas, podría escorar la nave de la economía, acompañándo la experiencia con exigencias sociales de consecuencias que nadie podría anticipar. Pero concentrémonos en la parte técnica del trabajo del amigo Piantini.

Lo primero es que las estadísticas trimestrales del 2003, las publicadas en el Boletín del Banco Central, confirman una interacción casi momentánea entre la emisión descontrolada, el aceleramiento brutal del aumento de los precios, la devaluación del peso, la fuga de capitales y la crisis de poder político. No se llegó a la crisis social, con violencia callejeras, porque en el poder estaba un partido fuerte, además de que se avecinaba la consulta electoral, lo que permitió cambiar protestas por votos.

En marzo, la emisión monetaria creció 12.5% y la inflación fue de 9.3%, es decir, el exceso de emisión se transfirió casi por completo a los precios. En junio, la emisión aumentó 37.5 por ciento y la inflación cerró en 16.6%, pero en septiembre, aunque el balance de dinero se mantuvo en el nivel de junio, la inflación se aceleró a 26.5%. Para diciembre, la emisión monetaria había aumentado en 81.3% y la inflación terminó en 42.7%, es decir, que a estas alturas nadie debería tener dudas de que fue el exceso monetario lo que provocó el aumento de los precios de los bienes componen la canasta familiar.

Mientras tanto, ¿qué sucedía con el tipo de cambio de pesos por dólar en el mercado bancario? En diciembre del 2002 había cerrado en RD$18.54, con un comportamiento ascendente en los trimestres del 2003. En marzo cerró en RD$23.44, comparado con diciembre el peso se devaluó 26.42%, casi tres veces la inflación del trimestre; en junio el promedio fue de RD$27.47, y la devaluación monetaria de 48.2%, tres veces el crecimiento de los precios. Para el més de junio el precio del dólar no sólo estaba influenciado por la inflación acumulada; el riesgo cambiario y la especulación comenzaron a tener importancia. En septiembre, cuando la inflación creció 10%, debido a que la emisión monetaria fue similar a la de junio, el dólar promedió RD$33.71, con una devaluación de 82.8%. El comportamiento refleja el nivel que tenía el riesgo cambiario. En diciembre, la tasa de cambio cerró en RD$37.77 y la devaluación del año de 103.7%, dos veces y medio la inflación del año. Amigo Piantini, no hay dudas, las evidencias estadísticas son contundentes, fue el exceso de emisión, para el rescate de todos los depositantes (grandes, medianos y pequeños, y en cualquier moneda), lo que provocó la inflación y la devaluación del peso en tan corto período.

Es notable el esfuerzo del amigo Piantini para sustentar su hipótesis, de que no fue el exceso de emisión (para rescatar a los depositantes) lo que desató la crisis. Se pregunta, porqué el peso no siguió devaluándose, si en la actualidad la emisión monetaria es dos veces mayor a la de febrero del 2004. Amigo Piantini, la respuesta es bien sencilla, como evidencian las estadísticas citadas, y como usted muy bien debe saber, es el cambio en la emisión monetaria (sin respaldo) lo que provoca la inflación y la devaluación del peso, porque son variables de acciones recíprocas. El asunto no es sólo de balance monetario, como inútilmente quiere dejar sentado. Debe recordar que en febrero del 2004, el Banco Central no tenía represado ciento treinta mil millones de pesos, en aquella fecha la liquidéz estaba en las calles y ahora está en la entidad emisora y en la banca comercial.

En lo que tenemos concordancia es en cuanto al manejo de las crisis. Yo insisto en que fue propio de boys scout, y el amigo Piantini dice lo mismo pero de otra forma. Una vez que se decidieron por el rescate masivo de depositantes, de una intervención a la cieguita, las autoridades monetarias tenían que evitar inflación, el aumento del tipo de cambio y la pérdida de reservas, y la única manera de cumplir con los propósitos, era con una esterilización a gran escala de las emisiones inorgánicas. ¿Qué pasó ahí, amigo Piantini? Y no me diga que el poder político intervino, que no dejó hacer el trabajo que mandaba el librito; tampoco me diga que los banqueros se confabularon con el poder político, para neutrar la decisión de la Junta Monetaria y del Banco Central. Las decisiones correctas se toman, duela a quién le duela, porque primero está el bienestar de 9 millones de dominicanos. De lo contrario, la puerta ancha siempre está disponible, y como dijo Fidel Castro, la “historia me absolverá”.

La fuga de capitales se aceleró, básicamente las inversiones de cartera y los ahorros de familias, alimentando la depreciación. De una corrida autorrealizada en contra de las reservas del Banco Central, se pasó a la desconfianza en el peso para cumplir con sus funciones. Los economistas están en pañales en cuanto a la medición de la fuga de capitales, y raramente dicen no saber, interpretan la partida negativa de “otros” de la cuenta financiera de la balanza de pagos como salida de capitales, así como lo escribió mi amigo el economista Luis Ml. Piantini. Yo, en cambio, no le tengo tanta fe a la interpretación, prefiero seguir a Robert Solow cuando, refiriéndose al crecimiento no explicado por los modelos, lo define “como la cuenta que computa el tamaño de la ignorancia del economista”. Mientras mayor es la cuenta, también lo es la ignorancia del economista. Pero sigamos la lógica del amigo Piantini: en el 2000 y 2001, y en promedio, la fuga de capitales aumentó en ciento ocho millones de dólares, pero en el 2002 el incremento fue de US$883 millones como, dice el amigo Piantini, y en el 2003, en US$620 millones.

Si las estadísticas de fuga de capitales son tan creíbles, debería tener una explicación de por qué el incremento de 2002, si la inflación del año apenas fue de 10.5%, un poco más del doble con relación a la del 2001, y la tasa de cambio aún no había explosionado, terminando con un promedio de RD$18.54, es decir, con una devaluación de 10%. Entre los inversionistas existía pánico. No hay evidencias que demuestren que la crisis bancaria fue anticipada por los inversionistas; lo que sí es cierto es que la crisis de los bancos se comentaba desde mucho antes de finalizar el siglo XX, y no obstante, los agentes económicos seguían apoyándolos. Está claro que si no se trató de un mal cálculo de la cuenta financiera de la balanza de pagos, el aumento de la fuga de capitales no tuvo que ver con haber anticipado la explosión de la crisis bancaria que provocó la del mercado cambiario. Se advierte que el amigo Piantini tampoco está muy seguro de lo que afirmó, porque más adelante da otra explicación, que también confunde: que la salida de capitales en parte se debió a la política pública expansiva de los años 2001 y 2002. Es otra hipótesis fallida del amigo Piantini, la de que la política pública expansiva, financiada con los bonos soberanos por mil doscientos millones de dólares, fue una pésima decisión, en parte responsable de la salida de capitales.

No, amigo Piantini, no se trata de lo primero ni de lo segundo; el error fue de las autoridades monetarias, que no adoptaron una política monetaria contraccionista, así como lo mandaba el librito; las dos políticas no podían ser expansivas. Si el gobierno central se decidía por financiar un programa de inversiones con recursos externos, las autoridades monetarias tenían que estar vigilantes, su deber, que no cumplieron, era no permitir un desbordamiento de los medios de pagos, que creara inflación, devaluación y fuga de capitales. De modo que el aumento en la salida de capitales (US$883 millones), no fue porque los agentes percibieron que las crisis (bancaria y de cambio) se avecinaba, tampoco porque el gobierno central haya financiado un importante programa de obras públicas, se debió a errores de las autoridades monetarias, que no adoptaron la política correcta en el momento correcto, es decir, no pusieron en práctica una política monetaria restrictiva.

En cuanto a mis pensamientos, de cómo enfrentar la crisis en el principal banco que colapsó, y evitar el contagio, siempre pensé que la primera opción era dar a Baninter el tratamiento que se le había dado al Banco de Comercio, que a propósito tanto éxito tuvo el mismo amigo Piantini encabezando la gestión. Una segunda opción, fusionarlo con el Banco de Reservas, y darle apoyo al Banco del Estado, porque ningún otro banco quería hacerlo. La tercera, rescatar los depositantes exclusivamente como mandaba la ley, sin salirse de ella. Cualquiera de las opciones era preferible a la emisión monetaria alocada, porque la crisis en el banco mayor (manejando a Baninter correctamente, la credibilidad aumentaba para manejar sin problemas las crisis de Bancrédito y Mercantil) tenía que ser aislada para evitar que afectara a 9 millones de dominicanos, restricción que debió dirigir el accionar de las autoridades monetarias. Lo que para mí nunca fueron opciones fue dolarizar la economía, como era el pensamiento del amigo Piantini, pero tampoco acudir al FMI. Teníamos que ser capaces de manejar una situación creada, alimentada y explosionada, por malas gestiones privadas y de quienes estuvieron al frente de las instituciones estatales especializadas. El FMI no tenía, ni tiene, fórmula para resolver el problema.

Una vez se decidieron por el rescate masivo de los depositantes, las autoridades monetarias debieron pensar en certificados de inversión con un período de maduración de no menos de diez años, y con una tasa de interés no mayor del 12 por ciento anual. Lo anterior, con la posibilidad de poder redimirlo en cualquier plazo antes de los diez años, para tener la posibilidad de un préstamo en dólares, no en los organismos multilaterales y bilaterales de financiamientos, donde se perdería el tiempo buscando dinero, sino en el mercado de los bonos soberanos. Estamos de acuerdo cuando el amigo Piantini dice que vivimos en una economía de España Boba, y que eso va para largo.

Me preocupa que un economista de inteligencia probada como la del amigo Piantini, no plantee con claridad su preocupación por el crecimiento de la deuda del Banco Central. Mejor que nadie, él sabe que la monetización de ese inventario, por la incapacidad de sostener la costosa deuda, lo que es una potencialidad, podría conducir a una ruptura violenta y a un empeoramiento de la distribución de la riqueza, donde los pobres, profesionales, pequeños comerciantes y empresarios serían los perjudicados, los que pagarían. Parece conformarse con logros coyunturales, que siempre se producen luego de una crisis, porque nada de excesional tiene que la inflación se reduzca y que la tasa de interés disminuya cuando se adoptan políticas monetarias extremas. Acepto que los políticos los citen como logros, pero el economista de experiencia sabe que se trata de la calma que se produce luego de que pasa la cabeza del ciclón, y que menos inflación hoy puede llevar a mucha inflación mañana, si es larga la cola del fenómeno.

Veo contradicción cuando dice que la eliminación del déficit cuasi fiscal, y la reducción de los certificados de inversión, será posible, entre otras medidas, cuando el fisco haga aportes al Banco Central, lo que es correcto, pero al mismo tiempo les pasa las manos a las autoridades monetarias, y al mismo gobierno central, cuando dice que la crisis se ha venido manejando dentro de lo mejor que se puede. No, amigo Piantini, la Junta Monetaria no puede jugar a la coyuntura, con seriedad debe plantear su posición al gobierno central, debe requerir el diseño, aprobación y ejecución de una reforma tributaria, que aporte anualmente el 2 ó 3% del PIB. No es vendiendo activos como el problema se va a resolver, son cheles. Sin rodeos ni complacencia, hay que terminar de manera definitiva con la política de acumular deudas en el Banco Central, y eliminar el déficit cuasi fiscal, porque son situaciones que mantienen la economía moviéndose en terrenos húmedos y pantanosos, navegando en dirección a la popa y en escora.