La necrópoli de la Independencia

JOSÉ ANTONIO NÚÑEZ FERNÁNDEZ
A la necrópoli, cementerio o camposanto de la avenida Independencia, se le dio durante mucho tiempo el nombre de “Cementerio de la Sabana”, y en cierta oportunidad también fue designado como “Cementerio Municipal”.

Quien visite esa necrópoli fácilmente puede encontrarse con tumbas donde duermen el sueño eterno o mejor dicho el sueño postrero, personajes que pertenecen a nuestra historia. Ciertamente que en ese cementerio se da el caso, que no existe un “Barón” sino una “Baronesa”.

Según la tradición, la difunta Juana Flores es la “Baronesa” de ese cementerio. La tumba aludida resulta muy visitada y hasta recibe ofrendas, que le hacen algunos visitantes, que hasta comida le llevan.

Hace muchos años que me llamó la atención un panteón, que ostenta tan solo un nombre “Abelardo”, así escuetamente, sin más aclaración. Se trata de la bóveda sepulcral de Abelardo Rodríguez Urdaneta, el magistral cincelador de la escultura de “Caonabo encadenado”. También varias veces he estado frente al sepulcro de Luis Conrado del Castillo y Rodríguez Objío, jurista, orador, maestro, gran civilista y auténtico patriota, que conoció las cárceles de los funestos invasores del 1916.

Hay una tumba que pertenece al brigadier español Joaquín Suárez de Avengoza, asistente militar del vende patria y anexionista Pedro Santana y Familia.

El brigadier Suárez murió en 1864. Y en ese mismo año de 1864 falleció Pedro Santana y Familia; pero al llamado “Marqués de Las Carreras” le dieron sepultura en el patio de la Fortaleza Ozama. Algo que llama la atención es la rimbombante estela funeraria de un personaje de armas tomar, fallecido en el 1938, Felipe Mañón (Mañoncito del To’Bozo), un fiel servidor de Lilís. La estela mortuoria lo presenta como: “Soldado restaurador, Comandante de Armas de Bayaguana, Jefe de Operaciones de Guerra y Antoncí, jefe de Reservas, Gobernador Interino, Jefe del Puerto, Regidor, Elector, Presidente del Consejo de Guerra, Presidente de la Junta de Caridad Padre Billini, Masón, G. 30, Caballero Marca Odd-Fellous P. N. P.”.

Increíble, pero cierto. Toda esa “longaniza ditirámbica” figura y fulgura en la tumba de “Mañoncito del To’Bozo”.

Existe un cenotafio, o sea, un sepulcro vacío que fue erigido a la memoria de los miles de muertos, víctimas de un terrible meteoro que azotó y asoló a la ciudad de Santo Domingo, a los dieciocho días de la primera juramentación de Rafael Leonidas Trujillo. Hay una tarja que sencillamente dice “El Clero Arquidiocesano a las innumerables víctimas del 3 de septiembre de 1930”. Después de evocar a los miles de muertos del terrible ciclón de San Zenón, voy a hacer mención de los difuntos, mejor dicho de algunos de los difuntos del  1965, porque hay tumbas que no pude encontrar, tales como la del corajudo italiano Ilio Capozzi, la del bravo francés André de la Riviere, la del poeta haitiano Jacques Viau Renor y la de la bonaera Cándida Rosa Vargas, una hermosa e infortunada joven, destrozada una noche por el proyectil de un mortero, cuya batería se comentó que había sido emplazada en las proximidades de la intersección de la avenida Braulio Alvarez con la avenida Duarte.

Algo que merece ser tomado muy en serio es que al Cementerio Independencia fueron llevados en plena guerra patria, los restos de Yolanda Guzmán, mártir y heroína asesinada en Mata Redonda por bestiales renegados de la dominicanidad. También he estado en las tumbas de algunos de los caídos en la calle 30 de Marzo el 19 de mayo de 1965.