La neodemocracia

Con el triunfo del multimillonario Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, algunos han planteado que se inició la desaparición del neoliberalismo, tanto aquel que “…elimina los controles de precios, desregula los mercados de capital y reduce las barreras al comercio”, como el ideológico, que implica “la ampliación de las libertades, limitación del papel del Estado en la economía y propone la flexibilización laboral…” (Neoliberalismo-Definición-Wikipedia). Sin embargo, el balance numérico de las votaciones reflejó, no solamente una clara división de aproximadamente 50 a 50% en los votantes, sino también el hecho de que los liberales y neoliberales siguen siendo determinantes en el presente de la gran nación norteamericana.
La señora Clinton era la abanderada del neoliberalismo económico y social que fue apadrinado por su esposo y defendido por el presidente Obama, y Donald Trump era la antítesis y postulante del abandono de esas políticas, logrando acumular los votos electorales necesarios para ganar la presidencia con el soporte de los que me permito denominar “neodemócratas” porque su liberalismo llegó tan lejos como para elegir a un presidente acusado de misógino, evasor de impuestos, homofóbico, racista, arrogante, imprudente en sus discursos e ignorante de la alta política del Estado.
Esa neodemocracia que permite y tolera todo como normal, la hemos comenzado a imitar con la pugna y posterior selección de los miembros de la Junta Central Electoral, uno de cuyos miembros tiene cuestionables antecedentes. Ese organismo, cuya función principal se desarrollará dentro de cuatro años, continuará sujeto a las decisiones presupuestarias del Poder Ejecutivo y el partido gobernante, hecho único, por el que nunca será independiente por más serios y responsables que sean sus integrantes.