La noche del rey Sinatra

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Fernando Casado
Especial para HOY/¡Alegría!
Toda la fuerza de aquella noche mágica, aún trompeteaba sus falsetes como pétalos de serpentinas en carnaval. Recién habían disipado sus espejismos los bucles ensortijados de Miss Universo. Aleteaba, tercamente, el espíritu exitoso de aquellos emprendedores y quijotes, quienes exagerando hasta la estridencia el tono retórico de nuestro protagonismo, habían insertado a República Dominicana en un tronante escenario universal.

Exacerbando la técnica del furor estentóreo, explosionaron el sacudimiento de apertura de “Altos de Chavón”. Quebrando en llamaradas las letras con solo nombrarlo, incendiaron chisporroteantes las bambalinas celestiales: ¡¡“Frank Sinatra”!!

Sinatra no necesitaba sombras a su alrededor, su carismática supra dimensión desbordaría, sin rugidos de leones ni cristianas serenatas de azúcar y bagazos de caña, los “coliseos” de cualquier Roma, Romana o no. El único león devorador en aquel ruedo, era Sinatra. Confundirse, sería ilusionismo. “Contraparte” era realmente un cortés tecnicismo. Una amable condescendencia dirigida a decorar, desarmando de argumentos e inoportunas necedades el gruñido sindical, aquel tentador escenario condenado a la intrascendencia, el desgano…y hasta el desaire.

En un cierre desbordado de apasionada idolatría se abrazó a las estrellas, saltando entre los techos del mundo sobre un “New York New-York” de rascacielos. Un arrebato enloquecido incendió sus llameantes trompetas de juicio final, alardeando entre estridencias del Broadway luminoso y fulgores fosforescentes de Oscares entre guiños y rubores de alfombras “From here to”” hasta cualquier “Eternity”, y el desquiciar inmenso de colores y relámpagos despidiendo el desboque atronador del “Standing ovation”. Luegode “aquello”… nadie hizo caso de nada ni de nadie.

El intento de selección nuestra como alternativa, impregnada de sana intención, abordaba sus motivaciones en la impactante experiencia desbordada de Miss Universo.
No hay dudas en cuando a la proyección planetaria de un evento de esta envergadura. Sin embargo, preservando nuestros púlpitos locales, me jugué todos sus títulos ese mismo año sobre el escenario fastuoso del Festival OTI, celebrado a seguidas en Madrid, logrando un trascendente segundo lugar para República Dominicana.

Las estridencias que en términos de “fama categórica” pudieran abrumar de pétalos y rosas la frente de cualquier artista, involucran inevitablemente su propio País. Todo artista es un “embajador” para bien o para mal. Si fracasamos, fracasa el país. ¿Prudencia o… Suerte? Era… La Noche del Rey Sinatra… más nadie.

Recibí una rutilante llamadade “H”. Llamémosle así, sin pretender turbar estertores sísmicos de pódium sinfónico, perturbadores de una simple intención conservadora. El respeto es una voz interior. No necesitas espejo para saber quién eres. Experiencias de esta naturaleza deberían enrumbar al hombre de sentimientos ligeros a replantearse frente al espejo del tiempo. Solo juzgando, asumiendo y rectificando nuestras torpezas, lograremos transformar en virtudes los quebrantos del espíritu. Aún acelerando el galope de la vida, siempre podremos airear de delicadezas y experiencias las flaquezas que deshumanizan el alma. Humildeciendo las paletas y el pincel del buen sentir, hermosearemos las sombras y abrumaremos de colores brillantes y sanos las ideas… ojalá sus bondades hayan logrado dorar el boceto respetuoso de las canas. La oficina de contrataciones del creativo Guillo Carías, excepcional trompetista y compañero de épocas estridentes en la “Hora del Moro”, manejaba nuestros compromisos artísticos. Una primera experiencia de este tipo. Carías, cuya brillantez de músico le había abierto atriles en distintos países, introducía una actualizada novedad lógica.

El artista podría dedicar esfuerzos y talentos, específicamente al trabajo de escenario, sin involucramientos en engorrosos forcejeos de “contrataciones”, propios de especialistas. Estábamos obligados a la profesionalización.

La llamada de “H”. Recuerdo la llamada de un amigo travieso: “Fernando, se va a inaugurar “Altos de Chavón” y se quiere contar contigo para contraparte con Frank Sinatra. Ellos dicen que, en estos casos, él presenta su show aparte, primero; esa es la manera de manejar sus espectáculos cuando comparte escenarios obligados. Luego tu cerrarías el Show. Queremos saber cuánto tu pides”.

Era más que una simple proposición. No se nos escapaba el detonante estratégico, rasgos geniales de sagacidad entrenada y agresividad creativa de súper manejadores de espectáculos. Plantar en escena junto al “Rey del Mundo”, al tipo que apenas hacía unas cuantas semanas había estado sobre el ojo de reinas de Miss Universo. Segundo: del selectivo Festival OTI e invitado especial del fabuloso programa “Trescientos Millones”, cuya contratación había venido anticipada, precisamente, a través de Ellis Pérez.

Noches secuestradas por la televisión americana y española, contemplada en cada oportunidad, por “más de 500 millones de personas” alrededor del planeta.

“Gracias ‘H’, te lo agradezco mucho. Mira ‘H’, por favor, llámate seguido a la oficina de Guillo, que él es el que maneja el asunto ese de las contrataciones”. Me dice: “No, no, no, yo no tengo que llamar a Guillo, con quien yo tengo que tratar es contigo”. Entonces le reitero: ‘H’, pero Guillo es mi oficina, la que maneja esas cosas. Cuando ustedes iban a contratar a Sinatra, seguro que no lo llamaron al hotel o al apartamento donde él estaba, a lo mejor resaca’o o estrujándose con la tipa de turno, seguro que ustedes llamaron a la oficina que maneja las contrataciones de Sinatra. ¿Porque tu no quieres llamar a la mía?” —
Y vuelve con el “No, no, no, mira a ver, es contigo, yo no voy a llamar a nadie”.
Es entonces cuando le digo: “No, no, no ‘H’, es con Guillo, no conmigo con quien tú tienes que hablar, así que haz lo que tu quieras. Lo que puso fin a la conversación.