La notoria diferencia entre hombres y estilo

Es interesante observar cómo las dos principales fuerzas políticas dominicanas, el PLD y el PRD, mantienen en permanente tensión sus aparatos de propaganda, ocupándose ambos la mayoría de las veces de cuestiones tácticas para tratar de mantener a raya al adversario impidiéndole ganar terreno, muchas veces sin clara idea de cuál es el objetivo estratégico.

En el caso del PRD y ciertos comunicadores que sin ser perredeístas coinciden con sus líneas maestras, una de las ideas que más les gusta repetir en las últimas semanas es que el Presidente Fernández no es la clase de líder o estadista necesario para estos tiempos de crisis internacional. Quien logró torear la inmensa crisis tras la quiebra fraudulenta de tres bancos en 2003, cosechando elogios por el desempeño de la economía, sería incapaz de enfrentar la situación del petróleo, las alzas de alimentos y la insolidaridad internacional.

Realizan la desconcertante pirueta de admitir -¡por fin!- que el Presidente Fernández fue exitoso en este cuatrienio agonizante, para en base a ese éxito pretender descalificarlo para el cuatrienio por iniciarse; mientras dentro del PRD toma fuerza la corriente que busca rehabilitar al ex-presidente Hipólito Mejía, quizás para candidatearse en 2012. Concluido el juicio Baninter, con don Hipólito reivindicado por tres sentencias condenatorias locales, y otras en Estados Unidos, el descalabro que hundió al PRD paradójicamente auparía al ex-presidente Mejía.

Pero cada día confirma la enorme diferencia entre ambos presidentes. Ayer jueves, mientras don Hipólito aprovechaba una invitación a amigos y periodistas a ver las innumerables variedades de mangos y otras frutas que ha cultivado en su finca de San Cristóbal, premio que él mismo se dio tras su paso por el poder, el Presidente Fernández se deleitaba en su Fundación con un grupo de amigos y el público en general con una charla sobre los caminos recorridos por literatos dominicanos en Cuba.

En la hacienda pepehachista, según las crónicas de prensa, abundaron los chistes, el recatado silencio de las damas presentes, y la misma jarana que dejaba boquiabiertos a tantos dominicanos.

En FUNGLODE, una profesora distinguida de la Universidad de La Habana, regalaba al auditorio una exquisita conferencia destacando las virtudes de autores como Fabio Fiallo, Pedro Mir, Camila y Max Henríquez Ureña, Juan Bosch y otros, estimulando el pensamiento y festejando la literatura antillana. ¡Qué inmensa diferencia!