La nueva geografía dominicana

La República Dominicana, dijo la maestra, ocupa la parte este de la isla de Santo Domingo.
Un alumno de la primera fila comentó: eso era antes. Ahora no es tan así.
¿Y dígame jovencito, de dónde saca tan equivocada información?
Perdóneme maestra, eso era antes. Mi papá me contó que los límites de la República, estaban perfectamente delimitados: al oeste Haití, al norte, el océano Atlántico, al este el canal de la Mona y al sur el mar Caribe.
Si su padre le enseñó los reales límites de la República Dominicana ¿cómo se atreve a sostener lo contrario?
Ahora los límites de la República son otros.
Que niño más cabezadura ¿vas a insistir?
Escúcheme, por favor. Cuando mi padre era joven, y hasta el otro día, los límites de la República eran los que usted dice y los que mi padre me enseñó, ahora la situación es diferente.
En lugares tan alejados como la región oriental, la costa este del país, nadie ha contado cuántos trabajadores haitianos han creado villorrios donde sólo se habla patois (patuá) esa mezcla de idiomas, que nos expone, en nuestro propio país a que se burlen de nuestra ignorancia, mientras ellos machacan el español y el dominicano.
Se han impuesto: sin la mano de obra haitiana hay problemas para la cosecha del arroz, nadie lo ha estudiado, pero tengo para mí que la falta de haitianos como recogedores del café tienen esa industria de capa caída.
Por supuesto: es el problema de la moneda buena que desplaza la mala, es lo que curre cuando no hay pan y se le echa la mano al cazabe, por aquello de que cuando no es Juan, es Juana.
Entendernos, y para ello es preciso que le hagamos entender a los haitianos, que hay una frontera que tiene que ser respetada, que nuestros capitalistas comprendan que hay que abonar salarios decentes, no de explotación, para que el obrero dominicano quiera desempeñar un empleo de calidad.
De una y otra forma, los haitianos continuarán su incesante ocupación pacífica del territorio nacional. Están en el centro de Santo Domingo, en Santiago y sus alrededores, en las montañas de Constanza y Jarabacoa, en la costa turística del este, en amplias zonas de la línea noroeste y ahora reclaman como suyos territorios dominicanos.
Los haitianos creen, dicen, pregonan, que son dueños de la isla ¡tamaña vaina! Ni han bastado 175 años para que se consuelen, ni tampoco hemos sido capaces de contenerlos de manera inteligente. El problema crece y se enfrenta de manera torpe. ¿Qué hacer? ¿A usted se le ocurre pensar cual sería el sabor de un fricasé de haitianos? Es que no somos antropófagos ni vamos a cometer un genocidio ¿Y entonces?