La obligación de vacunarse

La obligación de vacunarse

Como pronosticó antier a las naciones la Organización Mundial de la Salud, el virus SARS-CoV-2 quedaría controlado cuando los países así lo decidan, dramática advertencia de que está ocurriendo algo peor que la persistencia de rebrotes de la enfermedad y es la falta de voluntad y gestión para combatirla de manera efectiva, sin fisuras.

Se ha puesto de relieve que la humanidad dispone de medios para contrarrestar un mal de demostrada vulnerabilidad a las vacunas y que pierde incidencia cuando se generaliza la prevención. Otras epidemias que azotaron continentes no enfrentaron barreras tan efectivas como la ya creada para el SARS y aun así se progresó paso a paso en dominarlas.

Entre la difusión con riesgos letales de la pandemia del coronavirus y la preservación de la salud de enormes poblaciones, hoy se interponen la renuencia infundada a la inoculación que resta eficacia a efectos colectivos que refrenarían el avance de las infecciones a lo que se suma la distribución sin equidad de dosis inmunizadoras por culpa de Estados dominantes en recursos que apenas propician el acceso a vacunas de países en desarrollo.

República Dominicana está en capacidad de escapar al desequilibrio de la gran cruzada anti-pandemia por disponer de suficiente material biológico y por no tener más opción que adherirse con firmeza a las restricciones que evitan contagios, desafiantemente reducidas por ahora.

En notoria desatención

El hospital regional Doctor Antonio Musa, de San Pedro de Macorís, ha estado en los últimos años reducido en su capacidad de brindar un buen servicio a la comunidad por carecer sistemáticamente de materiales, insumos y equipos imprescindibles para el desempeño de los profesionales a cargo y requiriendo una mayor disponibilidad de especialistas de obligada presencia en un centro de su importancia en la geografía nacional.

Un centro hospitalario que debe permanecer en máxima capacidad para atenciones a pacientes de diferentes procedencias en el Este de la República.

Las precariedades de este establecimiento, cuyo nombre exalta a un meritorio profesional de la medicina, llevan a pensar que ha estado fuera del rigor de supervisiones propias de toda red sanitaria y de puntuales abastecimientos en apoyo a la calidad de la asistencia.