La otra caída de Fidel

UBI RIVAS
El comandante Fidel Castro, presidente de Cuba, veterano de los estadistas del mundo por 43 años consecutivos sin un día de vacaciones, sufrió una aparatosa y lamentable caída física, de sus pies, el 20 de octubre último luego de clausurar una charla de una hora en Santa Clara, sufriendo la fractura de la rodilla izquierda y una fisura en su brazo derecho.

El presidente cubano cuenta ya con 78 años de edad, y desde hace tiempo ha debido ser consecuente con sus limitaciones físicas, algo muy escabroso de admitir en un gobernante, sobre todo de las características providenciales y mesiánicas del comandante Fidel.

La gráfica que nos presentan los noticieros de TV del suceso en digna de varias interpretaciones acotando la primera, y es que el comandante ha debido desde hace tiempo organizar mejor su cuerpo de seguridad, de manera que expertos en estos menesteres le guarden los flancos, y otro le anteceda en sus pasos.

De proceder organizando su seguridad de esta manera, el comandante pudo evitar su lamentable caída física, porque uno de sus flanqueadores le hubiese avisado del tabloncito a su vera derecha, que no advirtió, y que pisó ocasionándole la pérdida de la estabilidad física y la consecuente aparatosa caída cuan largo es el comandante, con su alzada de seis pies tres pulgadas.

La guarda de corps del comandante distaba más de seis pies de su presencia cuando ocurrió su caída física, motivo por el cual no pudo ninguno evitarla, sujetarlo y nisiquiera gritarle: ¡Cuidado comandante, que se va caer!

Con su clásico estilo de bromistas consumado, inclusive a expensas suyas, como en este caso, comentó no bien pudo sentarse, micrófono en su mano izquierda, aterido de un doble dolor que controló estoicamente, que en esta ocasión no culparía al imperialismo de su caída física, porque se produjo por un fallo de sus propios pies, pero que “estoy entero” (…).

La otra caída, la política, del comandante Fidel es lo que el imperialismo aguarda desde que, sin a mi juicio y pensar no era así, ni ha sido nunca, se declaró marxista-leninista, y por lo que el presidente cubano acusa al imperialismo de provocar pérdidas a su revolución por unos US$90 mil millones.

Pérdidas análogas son las que Cuba adeuda a la Federación Rusa, heredada de la extinta URSS, US$8 millones diarios desde el momento en que declaró ser comunista, hasta el colapso de la URSS en 1989 con la demolición del muro de Berlín, más el descalabro que supuso ese hecho histórico, cuando ya la Rusia post-soviética, no pudo más comprar azúcar cubano a sobreprecio ni suministrarle petróleo por debajo del mercado internacional.

La caída física del comandante Fidel podría ser una señal agorera de su caída política, esto, es, que cuando desaparezca, como tiene que ser obligatorio en todo ser viviente, humano, animal o vegetal, el retorno al viejo orden interrumpido el primero de enero de 1959 será inexorable y rápido.

En ese momento, no habrá relevo dinástico. No habrá prótesis de su enorme poder de convocatoria y/o liderazgo en nadie a la vista, nisiquiera su fidelisimo hermano Raúl, sino que el espacio amplio de su vacío, que se lamentará como acontece con los líderes excepcionales como lo es sin la menor de las dudas el comandante Fidel, y que en ese elixir fluído de su grandeza estamos contentes inclusive los que jamás hemos creído en el comunismo, será ocupado, llenado con creces, por el enorme poder económico del exilio cubano, sobre todo, el poderoso e influyentísimo de la Petit Habana.

Entonces, y solo entonces, el eco de: “¡Hasta la victoria siempre, patria o muerte, venceremos”!, será un eco difuminado por los discretos encantos de la burguesía.

Entonces también, solo entonces, podría ser aplicado en los once millones de cubanos residentes en Cuba y los tres millones en el exilio, la recurrente tesis de mi extinto progenitor, de que ningún gran esfuerzo nunca valdrá la pena, porque nadie sabe para quien finalmente trabaja.

No lo sabe nunca nadie ni lo sabrá jamás, porque la vida es un misterio tan envolvente y difuso, que nadie ha podido descifrar nunca sus veleidades melífluas.

Nisiquiera un hombre tan extraordinario como el comandante Fidel, el estadista más grande de dos siglos, el XX y el XXI, de toda América y uno de los más carismáticos lideres planetarios, conjuntamente con Yasser Arafat, Muammar el Gadafy, Bahcar el Assad, Vladimir Putin, Ju Jin tao, Kin Yon Il y Jacques Chirac.

Es decir, los únicos que han desafiado las directrices omnipotentes de la súper potencia unipolar que conduce unilateralmente el destino de la humanidad, o de cualquier manera, se resistieron a fungir de mascotas falderas.