La pandemia del siglo XXI

José Miguel Gómez

Cada siglo trae su peste y su angustia. La falta de higiene y la ignorancia trajeron las enfermedades infecto-contagiosas donde murieron miles de personas. En otras épocas, la promiscuidad, la falta de protección en las relaciones sexuales reprodujo la sífilis, gonorrea, chancro y después el sida. Ahora, el siglo XXI se no sabe qué hacer con la pandemia de la depresión, el estrés, la obesidad y las adiciones. Los presupuestos en salud, el gasto de los seguros médicos, la ocupación de camas hospitalarias, la baja productividad, el sedentarismo, el consumo desmedido han problematizado la economía de muchos países. La comorbilidad de otras enfermedades originadas por la condición de los nuevos hábitos ha puesto de rodilla a la salud. La obesidad conlleva a la diabetes, la hipertensión, al síndrome metabólico, a los infartos y accidentes cerebro vasculares. El estrés, ese esfuerzo sostenido por sobrevivir para conquistar el confort, la opulencia, el nuevo estatus social o vivir para el parecer, en sociedades de lo tangible, de la identidad comprada, les cobra la salud física y mental con ese estrés crónico: insomnio, mialgias, gastritis, colon irritable, migrañas, disfunciones sexuales, mal humor, irritabilidad, agotamiento mental, insastisfacción, abuso de alcohol y tabaco, todo producto de un estrés mal manejado.
La depresión va en camino a ser la primera causa de discapacidad, de falta de calidad y calidez de vida, repercutiendo con la infelicidad, la desesperanza, falta de bienestar y desinterés por lo que pasa alrededor de las personas. Pero también, la depresión es la que representa la entrada en muchas personas al alcoholismo, el uso y abuso de drogas, a las ideas suicidas y al suicidio consumado en el mundo.
El siglo XXI, la posmodernidad, crearon sus columnas para sus subsistencias en el hedonismo, el consumo, la cultura de la prisa, el relativismo ético y neofilismo social. Es decir, estimuló las bebidas azucaradas, las comidas chatarra, el valor por lo desechable, vivir para comprar y consumir, competir y gastar, el uso del dinero plástico, los préstamos rápidos, la baja tolerancia a la frustraciones, comprar de forma compulsiva, dejarse conquistar por el confort y la vanidad, etc.
Les enseñaron a las personas que su autoestima valía por el carro que tenía, la ropa que usaba, los viajes que hacía y la comida que deleitaba. Las personas, entonces, fijaron en sus mentes esos mensajes, cambiaron sus estilos de vida, asumieron el parecer y decidieron renunciar al ser. Es más, adoptaron el “nada es para siempre” “ni para toda la vida” “la vida es el presente” “el aquí y el ahora”, adoptaron la cultura de la auto-gratificación inmediata, renunciando así al ahorro y la planificación del futuro, a la espera y a la paciencia.
La vida se hace compleja, la existencia sufrible, cientos de personas atrapadas en la soledad, en el escapismo social y la infelicidad. El siglo XXI ahora no sabe cómo responder a la pandemia del consumo, la adicción a comprar, comida, sexo, drogas, alcohol, tabaco, juegos, redes, belleza, ejercicios, dinero, etc. El escapismo social es la búsqueda inmediata a respuestas no adaptadas, al estilo de vida irresponsable, a la despersonalización y a la crisis de identidad.
La pandemia de nuevos hábitos globalizado han disparado los servicios y demandas que, de forma acelerada cientos de países no se prepararon ni crearon las estructuras, ni las políticas en salud, ni planificación, educación, prevención, alternabilidad, para que las personas aprendan a construir nuevos hábitos, estilos de vida saludables, propósitos de vida para el bienestar y la felicidad. La trampa social es que hemos apostado al individualismo, la competitividad, la deshumanización, al escapismo social y la desesperanza aprendida. Se impone que las familias, las sociedades, las empresas, las instituciones y ciudadanos reconozcan el impacto que están teniendo en sus vidas las nuevas pandemias: obesidad, depresión, estrés, las nuevas adicciones. En los próximos años cada familia va a ser impactada por una de estas condiciones, no importa si es rico, clase media o pobre. Unos pagaran con altos costos, otros pagaran con sus vidas.
No sea parte de esta pandemia de siglo XXI, asuma el control de su vida, la dirección y la fortaleza emocional con que debe aprender a vivir de forma saludable, armonica y existencialmente conquistada.