La parada en el Juan Carlos I

JESÚS FERIS IGLESIAS
El puente que une las avenidas España y la Charles De Gaulle, fue bautizado oficialmente desde que finalizó su construcción, con el nombre Juan Carlos I en honor al Rey de España y al Estado Español, en presencia del mismo Rey, quien vino al país expresamente para la ceremonia de inauguración. Cosas del destino o planificado expresamente, el puente Juan Carlos I une las dos avenidas que representan a España y Francia, al igual como lo hace la cordillera de los Pirineos.

Los dos países en cuestión, han sido también protagonistas de primer orden en la creación de dos naciones en una misma isla, fenómeno único en la historia del planeta tierra: República Dominicana y Haití.

Pues bien, por debajo del puente Juan Carlos I, cruza la avenida de las Américas; de tránsito rápido para vehículos de motor de todo tipo y por lo tanto debería ser de flujo vehicular permanente, sin que haya embotellamientos o tapones como resultado de paradas de éstos en las vías.

Sin embargo, para sorpresa de los usuarios, resulta que las guaguas y carros públicos que transitan por ese tramo, han decidido establecer una parada debajo del puente Juan Carlos I, y como no es una o uno, sino varias las guaguas y carros públicos que se detienen al mismo tiempo, la última o el último que llega quiere adelantarse a los que ya han llegado, ocupando indiscriminadamente todas las vías al mismo tiempo, y produciendo embotellamientos a cualquier hora del día o la noche.

Además, como consecuencia de la parada improvisada, al igual que la zona verde ocupada a la salida de la autopista Duarte, se han establecido debajo del puente, todo tipo de ventas ambulantes, y lo único que falta es que comiencen a construir casetas, ya que el piso de la avenida y el techo del Juan Carlos I les facilita las construcciones, de no tomarse las medidas de lugar.

Desgraciadamente en el país no se publican periódicamente las estadísticas por accidentes de tránsito. Sin embargo, podemos asegurar que en los últimos años las estadísticas de salud señalan que los accidentes de vehículos de motor son la primera causa de muerte e incapacidad en los jóvenes de ambos sexos en edad productiva, en un país, donde no se ha establecido definitivamente la Seguridad Social y escasean los hospitales públicos especializados en traumatología.

Debemos señalar que un paciente politraumatizado en un hospital público puede gastar desde cincuenta a quinientos mil pesos, por concepto de atenciones médicas y días encamado, además de un tiempo bastante prolongado para rehabilitarse después de haber sido dado de alta, al que hay que agregarle otros tantos pesos.

Si tomamos en cuenta, además, que los hospitales existentes carecen del equipamiento, instrumental y prótesis en cantidades necesarias para rehabilitar adecuadamente a las personas accidentadas, el panorama se torna más sombrío.

Por las numerosas muertes y por el número elevado de heridos que se tornan en discapacitados, es que las autoridades responsables del ordenamiento del tránsito deben darle prioridad al mantenimiento del orden y no se preocupen solamente en hacer unas breves campañas de prevención unos días antes de la Semana Santa y de Navidad. No sólo debe haber un programa permanente de prevención de accidentes, sino también un sistema de vigilancia para hacer que los conductores de vehículos de cualquier tipo tengan que respetar las regulaciones establecidas con el objetivo de reducir los accidentes de tránsito.

Es hora ya de que el gobierno central, a través de sus instituciones como Policía Nacional, Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones, Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social, Defensa Civil, Corporación de Electricidad y otras, conjuntamente con los gobiernos municipales coordinen los esfuerzos de establecer regulaciones efectivas en el tránsito vehicular y peatonal para poder brindar una mejor calidad de vida a todas y todos los que vivimos en este país.