La parte dulce del desayuno

28_08_2015 HOY_VIERNES_280815_ ¡Vivir!2 C

Caius Apicius, Madrid.- En la versión original de “La novicia rebelde” (“The Sound of Music”, 1965), cuando fraulein María (Julie Andrews) enseña a los hijos del capitán Von Trapp (Christopher Plummer) las notas musicales, cambia ‘si’ por ‘tea’ y la define como “a drink with jam and bread” (una bebida con mermelada y pan).

El guión, al escribir los nombres de las notas, hace trampa, para adecuarlas al inglés, lengua en el que las notas se conocen por una letra (C, D, E, F, G, A y H). Así, ‘do’ es ‘doe’; re es ‘ray’; mi es ‘me’; fa es ‘far’; sol se convierte en ‘sew’; la, menos mal, se queda como está (pero sólo se define como “una nota para seguir a sew”), y si, como apuntamos, se convierte en ‘tea’.

Pero volvamos a la mermelada, que es la parte dulce de los desayunos. En inglés podemos hablar de “jam” o de “marmalade”. Ambas son mermelada, pero no se refieren a lo mismo. “Marmalade” sería una sustancia blanda, de sabor dulce pero ligeramente amargo, hecha cociendo frutas como la naranja con azúcar para conservarlas. “Jam”, en cambio, es un producto dulce, sin toque amargo. Así, hablaríamos de “orange marmalade”, pero de “strawberry jam”.
Nosotros solemos hablar de mermelada de naranja amarga, para la que se utilizan el jugo y la piel de la fruta, pero a las de fresa, frambuesa, durazno y demás, dulces, también les llamamos mermeladas; nuestro Diccionario nos informa de que se trata de una “conserva de membrillos o de otras frutas, con miel o azúcar”.

¿Membrillos? He de reconocer que jamás he tomado mermelada de membrillo, y sí, en cambio, dulce de membrillo (también conocido como carne de membrillo) y hasta jalea de membrillo, aunque el propio Diccionario nos dice que la jalea es “transparente”, y las mermeladas no lo son… ni siquiera muchas veces en sentido figurado, porque no sabemos de qué están hechas.

Lo del membrillo tiene su explicación. Al parecer, y así lo cuenta Marco Gavio Apicio, ya los griegos cocían membrillos (fruto del árbol del mismo nombre, una rosácea) en miel. El hecho es que mermelada viene del portugués “marmelada”, y en portugués y en gallego membrillo se dice “marmelo”.

Los escoceses también tienen que ver con la mermelada. De hecho, ellos fueron quienes empezaron a elaborar mermelada de naranja amarga (la famosa mermelada de Dundee) ya en el siglo XVII. También aportan su leyenda- la palabra vendría de cuando el séquito francés de la desdichada reina de Escocia María Estuardo estaba algo indispuesta, y su médico le daba naranjas con miel explicando que “Marie est malade” (María está enferma). Bonito, pero poco verosímil.

La mermelada es, sin duda, el componente más dulce del desayuno; la mayoría de las veces, la proporción de fruta y azúcar es del 50 por ciento de cada una, salvo en el caso ya citado de la mermelada de naranja amarga. No gusta, esta mermelada, a todo el mundo, porque espera un sabor muy dulce y se lleva un chasco con ese notorio punto de amargor. A mí sí que me gusta. Pero las otras, las dulces, también. Sobre todo las de frambuesa, fresa (las fresas no tienen pectina, imprescindible para concretar la mermelada, y hay que añadirle un poco de fruta que sí la tenga, como la manzana), higo verde, piña con mango, albaricoque o durazno. Se nos dice que un buen desayuno ha de incluir lácteos, cereales y frutas. Bien. El problema es que se concretan en yogur, copos de cereales, piezas de fruta… Yo desayuno lácteos (nada más lácteo que la leche del café con leche, pienso, o la mantequilla que unto en el pan); cereales (el pan, que yo sepa, está hecho de trigo, que es un cereal) y frutas, en forma de jugo de naranja y mermelada.

Ya ven qué sencillo, y qué rico, es un desayuno de lo más completo. Con mermelada, desde luego.