La patología electoral

JULIO BREA FRANCO
jebfa9@gmail.com
En Ciencia Política, ni en mismo derecho electoral general, abundan los estudios sobre las trampas, la manipulación y perversión de los resultados de las elecciones y la corrupción en las distintas etapas del proceso.

 Se habla de patología electoral precisamente porque se dispone de códigos y normas de salud en las elecciones. La patología es, por consiguiente, la desviación de esas normas. En medicina se habla de enfermedad cuando se pierde la salud. La salud es lo “normal”; la enfermedad la excepción.

El código está definido en la teoría y el derecho electoral. Hay un paradigma claro de lo que es una elección libre, de las condiciones y garantías que han de cumplirse para que el resultado se caracterice  dentro de una escala de diafanidad  la expresión veraz de las decisiones expresadas en las urnas. Las leyes electorales contienen disposiciones que definen o tipifican los delitos y consignan las sanciones y penas aplicables a los que incurran en ellos. Torcer y alterar documentos electorales es uno de ellos.

Pero el punto no es solo que las elecciones se realicen conforme a la ley. Es fundamental que sean legítimas. La vinculación legal legítimo no siempre es automática. Se ha dado el caso que el considerando legalmente perdedor emerja con la reputación generalizada de ganador. Cory Aquino, en las elecciones filipinas de 1986, fue un ejemplo elocuente.

De los textos que tempranamente han tratado las desviaciones electorales se destaca el de W. J. M. Mackenzie: “Elecciones libres”. Su autor, un destacadísimo profesor británico, lo publicó en 1958. Este “manual elemental” como él mismo lo reputaba, ha sido uno de esos escritos formativos esenciales de los estudiosos de las elecciones. Su traducción en España en 1962 resultó utilísimo en los albores de la transición española en 1977-78

Otro libro, menos conocido fuera de Estados Unidos pero todo un clásico en el estudio de la administración electoral norteamericana, es el del profesor de Ciencia Política Joseph P. Harris, publicado en 1934. Harris fue un hombre de talento y de gran sentido práctico. Es conocido por demás por haber inventado la máquina de votación de palancas, que todavía se utiliza en unos pocos condados americanos.

El trabajo de Harris incluye, en su rico y detallado contenido, una taxonomía del fraude en las distintas fases de unas elecciones. Es un intento de análisis científico de las perversiones electorales.

Para tratar de examinar la patología electoral desde una perspectiva científica es imprescindible llevar a cabo una rigurosa clarificación conceptual, además de un acopio de evidencia empírica sobre las maniobras realizadas (y potenciales) para trastocar el resultado.

“Fraude” es una palabra con una connotación negativa y desprestigiadora. Es un término frecuentísimo en los labios de los políticos. Por su uso indiscriminado y alegre ha terminado devaluado. Es fácil hablar del él, demostrarlo y sustentarlo es mucho más difícil.

Mackenzie insiste que ningún sistema electoral es perfecto. Pero ciertamente algunos que son más que otros. Una primera confusión es considerar las irregularidades como fraude. Una cosa son las fallas aisladas o generalizadas que sin duda pueden afectar una elección, pero que no pueden considerarse fraude por no haber sido premeditadas con el propósito consciente de torcer el resultado.

Los problemas confrontados en los cómputos electorales de 2002 y en las del 2006 fueron irregularidades provocadas por un mal diseño del formulario de asentamiento de los resultados en las Mesas. El caso de las elecciones de 1994 fue otro: se hizo una depilación del Registro Electoral con un propósito definido con antelación para alterar el resultado. Hay otros casos, el de 1990, cuando se combinaron irregularidades y a partir de la confusión, se sostiene, se alteró el cómputo.

La única manera para hacer confiable y seguro un sistema electoral es en estudiar los problemas y las denuncias. No quedarse únicamente en afirmaciones ni decires.

Hoy día los alquimistas de los fraudes han de saber que ya no es tan sencillo realizarlos. La repetición de “94 ni es posible ni probable, con el desarrollo de la tecnología que hoy se dispone que permite en horas todo tipo de verificación en cualquier computadora personal con memoria y capacidad de procesamiento.