La peligrosa incoherencia

25_03_2019 HOY_LUNES_250319_ Opinión10 A

La puericultura exige coherencia. Las personas expertas en pedagogía aconsejan ser firmes en los mandatos. Durante la crianza es indispensable perseverar, mantener los mensajes. La orden de hoy, los límites, no pueden cambiar de la noche a la mañana porque la criatura no comprenderá y su actuación será errática.
El no mientas, no abras, no pases, pide permiso, tiende la cama, debe ser constante y las consecuencias a la desobediencia tienen que ser inmediatas. En el mandato pendular, oscilante, está la génesis de muchos problemas de conducta en la adultez. Al colectivo le ocurre lo mismo cuando los creadores de paradigmas, los detentadores de las virtudes a imitar, los propaladores de discursos píos, un día exhiben un estandarte y al otro cambian. Apuestan por la moralidad de pacotilla y después se sirven con la cuchara grande avalando las conductas que critican, pero auspician porque conviene a sus negocios. Preferible la franqueza, la transparencia. Admitir que la moda engrosa el patrimonio y la sustentan para que la alienación acepte. Si lo hicieran no tendrían que golpearse el pecho y decir no dije o simular yo no fui.
En mayo del año 2015 ocurrió un incidente con un ídolo de multitudes, uno de esos que la minoría censura en las tertulias, a la salida de misa, en las reuniones de padres y maestros, aunque contratan sus servicios para las fiestas de sus muchachos. El percance me permitió, luego de la indagación condigna, conocer el trabajo de Emanuel Herrera Batista, alias “El Jefe” o “El Alfa.” El joven, recién galardonado con la estatuilla más preciada del arte nacional, es autor de líricas como “soy el único que mata a la mujere pero las dejo vivas.” En aquel momento, recién llegado de un viaje de trabajo y familiar “El Alfa” decidió visitar la Plaza de la Bandera, in situ, grabó, para difundir a través de Instagram, un manifiesto de regocijo por el retorno y aprovechó para agraviar la tríada patriótica.
El revuelo fue instantáneo y el ministerio público actuó como Director de Escuela, como sacerdote en el confesionario e impuso un castigo no previsto. La calma advino tal como sucedió cuando uno de los más apreciados bachateros nuestros gritó un ¡Viva Trujillo! desde el corazón. En esta columna, a propósito del desaguisado de “El Alfa” y la sanción sin soporte legal, publiqué “Desatino Institucional.” La revisión del texto sirve para recrear su esencia luego del alboroto -efímero por supuesto- que ha provocado la premiación. El dembow y su precariedad conceptual es una realidad, la violencia de sus letras, reflejo. Desahogo marginal que produce pingües beneficios y convierte en millonarios a muchachos iletrados cuya mayor aspiración es tener cosas y presumir. Si las corporaciones, con ejecutivos que consideran el colectivo como un hato de insignificantes consumidores de sus productos, no patrocinaran las actividades de esos creadores, su popularidad no fuera tan grande.
Dios rogando y con la botella dando y propiciando el desmadre. Para la gleba circo, para nosotros lo otro y que el pueblo repita “FunFun”y “El Mañanero”, “El baile del dinero”, “JalaoJalao.” “El Alfa “recorre el mundo con sus desenfado y movimientos, es un relator ágrafo de la cotidianidad barrial. Dice cómo se ama, cómo se maltrata, qué vale y que no. La historia se repite, son pertinaces en el error porque les beneficia.
En el Festival de música popular-2017- apadrinado por la misma firma dueña de “El Soberano”, el rubor ocupó los rostros de cándidos padres que acompañaron jubilosos a sus hijas e hijos al encuentro con sus artistas favoritos. Fue un ritual de iniciación, les permitió conocer qué escucha, repite y emociona a la muchachada con esmerada educación. Esa misma grey que protesta, prejuiciada, elitista, seguidora de un me too hollywoodense, corea “Dale Gatillo”, “Tengo 4 babys”, “Prende el pachuché pa ponernos caché” y se identifica con “Felices los 4.” Es mejor asumir, sin resabios, esa realidad que exhibir una peligrosa incoherencia avalada por la petulancia.