La penosa y trágica vida de un “nini”

La penosa y trágica vida de un “nini”

El pais / Encuesta Gallup, siguiendo su vocación de servicio público, consideró oportuno informar sobre estos temas, en vista de la proximidad de las elecciones internas de los diferentes partidos, Hablo señalo Rafael Acevedo Pérez, fundador y presidente de Gallup República Dominicana, Hoy / Francisco Reyes / 23 / 02 / 2011 /

Ser varón solía tener bastantes riesgos y desafíos

El mundo actual tiene tendencia a ser “nini”. Se disfruta la fácil comodidad de lo disoluto; lo que equivale a no tener definición ni identidad y, por tanto no tener, aparentemente, conflicto con nada ni nadie. Pero que, por otro lado, carece de futuro, puesto que carece de compromiso y proyecto propio. Como líquido disuelto en el río.
Crecer y “ser” sin saber quien uno es, ni qué propósito tiene su vida, suele resultar lo peor.

Ser varón solía tener bastantes riesgos y desafíos. Desde establecer dominio territorial en el barrio, hasta decidir quién sería el candidato a una muchacha y, peor, temblar ante la idea de que ella te descalificara como pretendiente. Un drama adolescente que desemboca en maltrato a la mujer y otras degeneraciones.

Hasta un gesto de rechazo, una mirada de desaprobación puede destruir un sueno, y dañar un proyecto de identidad individual. Contrariamente, frases estimulantes, de los padres, de individuos del grupo o del otro sexo, inclinan a tipos de respuestas conductuales más aceptadas.

La batalla por la definición del sexo comienza temprano en casa, con el desempeño de papá y mamá en respectivos roles.

El solo aprender a asumir un castigo o una responsabilidad es un proceso complejo, y que el castigo es menor si dices la verdad y te reconoces culpable desde el primer momento. Cuesta ganarse una palabra edificante a la condición de varón, cada desafío “a los puños”, aprender que dar la primera cachetada era lo más seguro, visible y recordado de la trifulca.

Cada rasgo de varón suele ser ganado pelo a pelo, palmo a palmo. Nadie te los regala. Y la chica conquistada cuesta esfuerzo, incertidumbre, sufrimiento. El conflicto entre ser un buen muchacho y ser desleal al grupo, exponerse a la exclusión y al bulín.

También hay personas que no pudieron o no supieron optar libremente ser varón o hembra, que han descolado y hacerse respetar, y que nadie tuvo queja ni conflicto con ellos. Mujeres sensuales y liberales, que han desarrollado su capacidad de gustarles a todos, que tan solo procuraban elevar su autoestima.

Hay cierta tendencia a un mundo “nini” en que las libertades y las alternativas son demasiadas; y a muchos les perecerá tonto desperdiciar tanta diversidad y diversión, de experienciación y experimentación.

Quieren al menos saber de qué se están perdiendo. Y muchos se hacen disolutos, se disuelven en la diversidad.
Contrariamente, tan solo dedicarse a perseguir una vocación suele ser una elección que compromete y obliga a deslindar, a definir parámetros e ideales. A revisarse constantemente.

Muy distinta es una personalidad amorfa, sin vocación ni compromiso con los demás y sin verdadero fundamento en la naturaleza y cultura propias de la especie, familia y nación.

Una cosa es una diversidad enriquecedora y otra distinta es la degeneración, la disolución que prohíjan leyes y costumbres laxas, relajadas, diluidas; de dudosa vocación de servicio a otros, a la comunidad. Que más bien amenazan la convivencia y las posibilidades de sobrevivir del grupo o nación.

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