La pesada tarea en la política de hoy

La oposición tiene que ser muy cautelosa, cuidadosa, celosa y particularmente respetuosa, en la selección de candidatos que la representen en mayo del 2016. En esta ocasión, la oposición tiene que ser más inteligente, más sabia frente a un Partido de la Liberación Dominicana sacudido por aspiraciones encontradas de muchos de sus parciales.

No se trata de enfrentar al rival con golpes más contundentes porque el gobierno tiene infinitamente más recursos que la oposición si actuara de consuno. Se trata de presentar candidatos que representen el sentir de cada pueblo, de cada comunidad, que cuenten con el real respaldo de la mayoría, aunque no sean los favoritos de la dirigencia. El voto de un dirigente vale igual que el voto de cualquier miembro del partido, aunque sea el más humilde.

La oposición puede ganar las elecciones si sus candidatos son serios, honestos, comprometidos con las aspiraciones de los votantes, siempre que sean los electores quienes los seleccionen y no logias de dirigentes en oscuros conciliábulos malsanos.
En las elecciones del 2016 serán elegidos más de 4 mil puestos distribuidos en todo el territorio nacional. Se lee muy bien y suena muy atractivo decir que serán elegidos un senador por provincia, tantos diputados, un alcalde, regidores y representantes de distritos municipales, aunque las jurisdicciones parecen ser materia de preferencias de la Junta Central Electoral.

Nuevamente concurrimos a elecciones nacionales con leyes, reglamentos y árbitros que saben emplear todo tipo de triquiñuelas para que la trampa parezca el ejercicio legal y libre del voto, en favor de candidatos cuyo propósito dista mucho de servir al país, los cuales esperan lograr sus fines personales con el uso de los recursos del Estado para beneficio propio, gente que aspira cubrir sus aspiraciones de convertirse en ricos amparados por la impunidad que impera en el país.

Nuevamente concurrimos a elecciones con un Presidente que aspira a ser reelegido y cuya repostulación es fruto de maniobras no santas que incluyen cualquier tipo de bajezas, desde serruchaderas de palos y la acreditación de carne de presidio como ciudadanos de buena ley, hasta las más pesadas presiones sobre personas, familiares, violaciones de todo tipo a la Ley de Gastos Públicos, obtención de créditos internacionales con fines serios y buenos para el país, pero con aplicación dudosa en favor de la compra de votos y voluntades.

Tenemos un Congreso que no cuestiona ninguna acción ilegal que pueda empañar la “victoria” del Presidente repostulado, y unas Fuerzas Armadas y una Policía que cuando se trata de cumplir órdenes arbitrarias e ilegales para influir en los resultados electorales, obedecen “a verdad sabida y buena fe guardada”, la fórmula creada por Pedro Santana para imponer y hacer valer su malsana voluntad.