La piñata del Plan Renove

HAMLET HERMANN
Cuando en República Dominicana se habla del sector transporte, un reflejo condicionado provoca que se piense en corrupción. No es un invento del imaginario popular sino la triste realidad de que en ese sector de la economía se han dado algunos de los escándalos más notorios de la historia moderna. Es enorme la contaminación moral de los que encabezan los grupos que controlan las empresas y los sindicatos de transportistas. Además, como sus cómplices siempre han estado situados a los más altos niveles de todos los gobiernos, razón por la que han disfrutado de absoluta impunidad, confiaron que las autoridades nunca podrían enjuiciarlos.

Pero llegó el 18 de noviembre de 2004 y los principales ejecutivos del llamado Plan Renove, entidad que negociaba política y comercialmente con vehículos comprados por el gobierno dominicano, fueron apresados por el Ministerio Público para fines de investigación. Tan grande había sido ese despojo que quien hizo la primera denuncia formal sobre las irregularidades fue la Contraloría General de la República del propio gobierno de Hipólito Mejía. Incuestionable la opinión profesional de esa oficina gubernamental porque estuvo encabezada durante cuatro años de ese gobierno por uno de los hombres más serios de este país, el licenciado Federico Lalane José. Luego vendría la Cámara de Cuentas con su propio informe en el que denunciaba las mismas indelicadezas que ya la Contraloría había presentado al Presidente de la República. Sólo que el presidente Mejía, en vez de cederle paso a la Justicia para que actuara, recomendó a los funcionarios ahora sometidos que no hicieran caso a esas denuncias y siguieran adelante con la piñata reeleccionista del Plan Renove.

El desastre del Plan Renove fue denunciado desde el primer día de su creación porque las violaciones a las normas administrativas establecidas habían estado siempre presentes. Revisemos las colecciones de periódicos y de revistas donde encontraremos que los perredeístas en el gobierno se ufanaban antes de lo que ahora quieren negar. No nos sorprendamos si la piñata da inicio a una reacción en cadena que vincule este caso de irregularidades con otros más. De entrada y a ojo de buen cubero puede apreciarse que el hilo conductor del enredado ovillo Renove podría llevarnos hasta los costosísimos Juegos Panamericanos celebrados el pasado año en nuestro país. Podría desenredarse y llegar hasta el barril sin fondo de la Oficina Metropolitana de Servicio de Autobuses (OMSA). O tal vez serían tocados con el cieno diversos medios de comunicación, periodistas notables, las jefaturas de la Policía Nacional y así sucesivamente hasta la cima del gobierno donde se apañaban las indelicadezas. Parece que con la rotura de la piñata nos encaminamos hacia el desmoronamiento de una fila de fichas de dominó que podría llegar, sin mucho esfuerzo investigativo, hasta el mismo Palacio Nacional.

Para exhibir tanta audacia en el despojo los funcionarios habían confiado en que nada ni nadie alejaría al presidente Mejía del sillón presidencial. Si trabajaban para la reelección y ganaban las elecciones, nadie les tomaría en cuenta sus faltas y la impunidad estaría garantizada. Pero una cosa piensa el burro y otra el que lo apareja. Hipólito no logró quedarse en la Presidencia de la República por las buenas ni tampoco pudo lograrlo por las malas como tenía pensado. Así que los implicados en la piñata del Plan Renove quedaron enganchados como perico en la estaca. Con el fracaso de la reelección presidencial, empezaron a esperar angustiados que algún día los fueran a hacer presos, tal como sabían que iba a suceder.

Con la puesta en marcha del procedimiento judicial contra los acusados de malversación en el Plan Renove, tanto el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en el gobierno como el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en la oposición se están jugando el todo por el todo. Los del gobierno porque luego de este paso audaz no pueden dar un paso atrás ni siquiera para coger impulso. O sancionan a algunos corruptos o se desacreditan políticamente. Los de la oposición, quienes buscan afanosamente la unidad interna de su dividida organización, tendrán que decidir si se hacen reos de sospecha oponiéndose al enjuiciamiento de sus compañeros o permiten que la Justicia cumpla con su deber.

La pregunta que muchos dominicanos nos hacemos es: ¿Prevalecerá la tradicional impunidad o al final veremos un poco de justicia? No quisiéramos pensar siquiera que este episodio sea apenas un escarceo que se ha hecho coincidir con la conmemoración de los primeros cien días de gobierno de Leonel Fernández. Pero de que el Presidente de la República tiene un magnífico material para iniciar su discurso del próximo viernes, lo tiene. Y debe aprovecharlo.