La Pintura: Sortilegio de colores de guerra y paz

La Pintura: Sortilegio de colores de guerra y paz

CAPILLA SIXTINA

Colores de guerra y paz: turbulentos sueños de inquietud, dormitar tranquilo con esa paz que enternece el alma.

La pintura: hoguera que calcina los más entrañables sentidos; la pasión, el dolor, el sentir profundo, la ira, el inesperado deseo o el extraño fulgor del alma. La bruma que nubla el pensar, la ingenua ternura, el más caro decir del corazón, la más pura entrega de amor; también, palabras de un raro concepto, palabras que nos narran una historia vivida o soñada, un cuento de fantasioso hablar, palabras extrañas que son luz, sombra y color.

La pintura: arte espléndido, expresivo, nota estridente, serena, disonante; color que entona lo bello, lo hermoso. Rudo empeño de la vocación; parto, lento, frugal espléndido, asomo de ese hondo y extraño sentir de la mente. Ese ajeno fulgor del alma, ajeno; porque se esfuma, se escapa por linderos del espíritu, por las grietas de la razón.

La pintura tiene sus hitos universales, que nos narran historias reales o nos cuentan pasajes de la imaginación. La Capilla Sixtina de Miguel Ángel, La Gioconda de Davinci, el Entierro del Conde de Orgaz, del Greco, Las Señoritas de Avignon, los Girasoles de Van Gogh, Las Bailarinas de Degas, los Nenúfares de Monet, Los Fusilamientos de Goya, La Ronda Noche de Rembrant; y así podría citar decenas y decenas de pinturas que están enclavadas en el mismo espíritu del Arte de todos los tiempos.

LA GIOCONDA

Cada una de estas obras, como toda actitud del hombre, encierra sus razones y el por qué de su existencia. Unas nacieron de la pura imaginación de sus autores, otras parten de hechos y realidades que acontecieron y fueron motivo que tocaron la más alta estima creativa de los genios que la concibieron.

La pintura, fuente de información y razón histórica, es el más fiel testigo del acontecer de la realidad política y social del momento en que vivieron sus creadores.

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Desde el Románico hasta el Arte Abstracto y todos los movimientos que priman hoy día, son fieles testigos, no hay dudas, de cómo se iba transformando la sociedad. De que manos iban creando una forma de actuar del hombre y sus instintos y de cómo se comportaba frente a nuevos retos de convivencia. La pintura, como viva y tajante actitud del hombre artista, no podía escapar de esa realidad.

El artista, el más sensible ser de una sociedad cualquiera, dictó normas y conceptos a la posteridad de cómo era el comportamiento de esta y qué conceptos y pensamientos primaban como normas del acontecer que moldeaba la existencia de ese pequeño mundo, hogar, su centro de ese trabajo, su habitad de placeres; en fin, donde la vida le señaló vivir.

La pintura: irrepetible acto Culto o Naif, tiene el sagrado privilegio de ser una vez y nada más. A diferencia por ejemplo de la música, originalmente escrita, pero cada director sinfónico tiene su forma de interpretar y de concebirla.
La danza; cada coreógrafo le da su propia versión y cada coreografía es diferente. El teatro; los distintos actores ofrecen su propia versión y crean una dinámica corporal muy personal.

LAS SEÑORITAS DE AVIGNON

Con esas aseveraciones, bajo ningún concepto quiero desmeritar estas manifestaciones del arte, por el contrario, en cada una de ellas se manifiesta un nuevo sentir, un nuevo quehacer, una bella concepción de su original virtud creadora.

Son como la pintura; excelsas manifestaciones de buen gusto, de apasionada creatividad. Son el soplo de una brisa que acongoja el alma, el tenue sentir de magia y misterio. Son eso; el espanto del corazón, Son eso; un derroche de armonía de fina estampa de emociones, de un reto al universo. Son eso; el más entrañable regalo de amor, coraje y belleza, son eso; Arte, un abrazo cariñoso del hombre artista al mundo.

El arte, un acontecer turbulento y sereno con un dejo de utopía y una pesada carga de nostalgia, es sin embargo mensajero de un rito que embriaga y que confiesa una existencia plena que nutre de inquietud el pensamiento y el espíritu.

El arte, si lo sabemos amar, nos conduce a ese hermoso lugar donde tu intimidad, regazo de tu conciencia y de tu ser que celebra la más alegre fiesta del corazón.

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Dentro de la miseria espiritual que azota a la humanidad, del descalabro de la falta de fe en nuestro destino, en ese manto negro, pesado y hostil que nos arropa.

Abramos una grieta y con ojos de esperanza, de inquietud, de ansiedad, labremos un nuevo destino pleno en afecto y buena voluntad, abrazadas del saber, de la bondad, de la cultura y tratemos, si es posible, de amigarnos con la grata sensación que nos produce El Arte.