La política, poder y servicio (y 2)

MARCOS-VILLAMÁN

Como hemos sugerido, si algo define esa compleja actividad humana que llamamos política es la cuestión del poder, esa extraña dimensión de la vida que parece tener la capacidad de enloquecer a los seres humanos más sensatos y desapegados. En las principales tradiciones religiosas conocidas, poder y riqueza constituyen dos de las tentaciones principales en la vida de los seres humanos. Estos ídolos le regatean a Dios su capacidad de solicitar obediencia a mujeres y hombres, y demandan el sometimiento a su lógica implacable como ídolos ampliamente reconocidos. Obviamente cualquier actividad humana idolátricamente conducida sólo puede producir “vida mala” para los seres humanos que se manifestará siempre, entre otras cosas, en la ruptura de la tendencia a la sana preocupación por la vida de los otros y las otras, sobre todo, cuando éstos están en condiciones de desgracia, siguiendo así la manera fundamental de actuar según la lógica de Dios.
El poder y la riqueza existen, no podemos caer en la ingenuidad de su negación. El asunto no es negar su existencia, sino reconocerles como potentes tendencias humanas e intentar construir una relación no idolátrica con ellas. La manera de hacerlo es evitando colocarlas como centro de la vida y guía fundamental de nuestra búsqueda legítima de felicidad.No significa esto negarnos a ver y entender la realidad y la lógica de la vida social en la cual poder y riqueza son dos componentes inevitables y siempre presentes. Pero, significa, eso sí, luchar contra las tendencias idolátricas que nos empujan a colocarlas como el único centro de nuestras preocupaciones. La manera más eficiente de desarrollar este combate cotidiano es el desarrollo de nuestra sensibilidad en la dirección de aprender a reconocer el dolor de los otros y a dejarnos interpelar por él.
Y así, por esta vía nos encontramos con la política. Esa legítima actividad humana cuyo centro es la lucha por el poder y el ejercicio del mismo. Sólo que esa lucha puede ser por tener poder y usarlo en beneficio propio, o para desarrollarlo desde la lógica de la servicialidad. Desde ella, lo importante no es que el político tenga poder, sino que el poder que pueda tener se oriente al servicio de que “las mayorías” tengan “vida buena y abundante”, es decir, decente y digna. Aspiración que la sociedad humana a través del tiempo ha construido como horizonte legítimo de sentido. Sólo así se hace veraz el poder y vale la pena su ejercicio.
Desgraciadamente, la lógica del servicio se encuentra siempre bombardeada por la búsqueda del privilegio y el halago,tendencias propias del poder mundano. Esto es parte esencial del duro combate que permanentemente se desarrolla en la política. Unos “sirven” y otros “se sirven”, pero sólo los primeros hacen el bien y por eso valen la pena. Ellos son los que ven más allá y encuentran el sentido de la vida en hacer el bien que siempre se orienta a construir justicia y derecho desde y para los más débiles. Por eso, hacen el bien e inspiran a hacerlo. Por eso, para ellos la política, dimensión siempre relevante de la vida, es una posibilidad, una manera de hacer el bien y construir vida buena para todos y todas. En su lógica, la política es un medio para construir vida digna a través de la concreción de la justicia y el derecho para todos. Esos siempre serán útiles y necesarios yconstituyen “referentes imprescindibles” para garantizar aire puro respirable a las sociedades, pues el servicio es su mayor riqueza y lainagotablefuente de su poder. Don Juan Bosch perteneció sin duda a esta estirpe.