La prescripción

Todo delito debe tener un castigo proporcional al daño causado. La ley se ocupará de determinar la severidad del castigo.

Dado que nunca falta un pelo en un sancocho, alguien tuvo la ocurrencia de crear una figura jurídica que más que bien ha hecho mucho daño en su aplicación: la prescripción.

Una persona comete un delito de tal o cual magnitud y la ley establece que se suspende la persecución judicial contra el delincuente porque ha pasado el tiempo de que la misma prescriba, se tiene una escala conforme a la gravedad del delito cometido.

Ahora que, de nuevo se habla de reformar la Constitución, vuelvo a remachar lo que llevo dicho durante décadas: hay que eliminar de la legislación dominicana la prescripción de la pena.

Cuando el juez español Baltazar Garzón decidió abrir un juicio contra Augusto Pinochet, cuyo generalato fue adquirido nadando en el charco de sangre de los fusilados por su gobierno, todos los que tenemos sed de justicia aplaudimos la decisión, la respaldamos y seguimos su ejecución.

El tal Pinochet se refugió en su condición de Senador y con una y otra triquiñuela de equilibristas legales, sus abogados lograron rehuir que los huesos del asesino fueran a la cárcel; sin embargo, se le hizo la vida imposible al ladronazo y a sus familiares descubriendo cuentas secretas en dólares y otros delitos.

En nuestro país la prescripción de la pena ha permitido, toda la vida, que vivamos juntos y revueltos con asesinos, cobardes que golpean y torturan a hombres y mujeres amarrados, ladrones que han hecho la acumulación originaria a cambio de tráfico de influencias, robos al erario y abusos de autoridad.

Siempre recuerdo la frase del doctor Julián Ramia Yapur: la oligarquía lilisiana, para referirse a quienes se hicieron ricos, muy ricos, al amparo de la tiranía del general Ulises Heureaux, bienes que fueron limpiados durante los primeros años del siglo pasado.

La ley no tiene efecto retroactivo pero ¿podía hablar de 300 millonarios hechos en su gobierno, el doctor Joaquín Balaguer, si las obras realizadas en su administración se hubieran sometido al escrutinio de un concurso o una licitación?

Nuestras leyes son demasiado benignas a favor de quienes tienen algo que perder y terriblemente injustas y creadoras de delincuentes profesionales, cuando se aplican contra los hijos de la madre de todos los sin nombre: Machepa.

La reforma constitucional podría ser una nueva jugarreta de dos o tres ricachones y sus muchos lambones, si sólo sirve para que se modifiquen algunos obstáculos que benefician a éste o aquel, persona o grupo.

La no prescripción de la pena y la persecución internacional del crimen transnacional son una combinación que contribuye a disuadir a muchas personas que saben que cada vez será más difícil tener dónde ocultarse.

Imagino cómo se burlan de esta propuesta algunos de los “constitucionalistas”, legisladores, politiqueros, asesinos y ladrones que tienen mucho que perder con sólo eliminar la prescripción.