La prisa: plaga de los tiempos modernos

La prisa se ha convertido en la principal amenaza para la salud de los dominicanos.

Esa extraña conducta se ha apoderado de nosotros como una plaga que nos convierte, sin darnos cuenta, en una especie de autómatas. Todo lo queremos resolver con premura, con ímpetu, como si quisiéramos anticiparnos al indeclinable tiempo, ese que nos impone normas y guías.

El que conduce por las vías públicas viola las normas de prudencia y seguridad ciudadanas; no se respeta el derecho de los demás, y se asume una conducta impropia de seres humanos. No son pocos los que pretenden quebrantar las filas en bancos y supermercados, como si su tiempo fuera más valioso e importante que el los demás.

He sostenido el criterio, tomando como referencia las experiencias vividas, que la ausencia de una educación de calidad, que fue la enseñanza que rigió a mediados del pasado siglo, ha conducido a la sociedad actual a un desbarajuste, al despeñadero moral en que se encuentra. Lo que se imparte hoy es una instrucción divorciada  de las mejores normas de convivencia, un sistema que sólo pone a memorizar al alumno. Y, encima de ello, en el hogar la educación se ha dejado a merced de la televisión por cable que, en algunos casos, no discrimina edad ni sexo, posición social ni religiosa.

No es extraño encontrar hoy a un joven que se supone cursando nivel superior, violentando elementales principios de buena conducta.

Realmente, estamos perdiendo el sentido de la prudencia y el comedimiento.