La profecía autocumplida

Haití se manifestó. Lo hizo no a favor de conquistas sociales ni exigiendo a su gobierno que finalice la corrupción o que el presidente y el primer ministro exijan a las familias más ricas de Haití que inviertan en el futuro de ese país.

En cambio, un grupo de ciudadanos protestaron en Puerto Príncipe la semana pasada en oposición a lo que consideran es un abuso de RD contra sus connacionales y sus descendientes. No se les ocurrió ni por un momento que cada haitiano expatriado, maltratado o no, es una prueba del fracaso del gobierno haitiano de impulsar el desarrollo de su país y su gente.

La manifestación fue hostil hacia RD, injusta en el fondo y en la forma. Y peor, los manifestantes vociferaban contra el enemigo equivocado.

Sus opresores –probablemente el propio ineficaz gobierno, las élites corruptas, muchos de ellos aliados de nuestros aliados nacionalistas- se frotaban las manos. Al final, el circo montado sigue fomentando una relación viciada por los prejuicios, los mitos y las mentiras; no siempre nacidos de la ingenuidad y muy probablemente orientados a objetivos político-partidistas en ambos lados de la isla.

Mientras el sentimiento “nacionalista” es azuzado en Haití, localmente las voces de las auras carroñeras se alzan gritando: “ya lo habíamos dicho”, “no nos hicieron caso”, “los traidores callan ante la agresión de Haití”, “Haití y sus amigos de la OEA son enemigos de la RD”, “nuestras profecías se han cumplido”.

Autoproclaman el cumplimiento de sus gemidos proféticos y preclaros ante su propia evaluación; dicen ser los únicos que habían visto venir la verdad: la fusión es la única solución para Haití. Se fundamentan en tergiversar hechos, declaraciones y en manifestaciones, como las ocurridas la semana pasada. Sonríen porque cosechan lo que habían sembrado tan cuidadosamente desde la sentencia aquella. Se frotan las manos con su profecía… autocumplida.

RD está en peligro; eso es cierto. No por las razones que denuncian nuestros “nacionalistas”. Está en peligro de su propia ceguera. Nuestro país está entrampado en sus prejuicios, en los temores basados en leyendas y en una muy mal escrita y peor interpretada historia nacional. No vemos que si construimos, como debemos, un país justo, una política migratoria ordenada y un estado de derecho sobre bases racionales, no habrá ningún poder extranjero ni ningún chantaje del país vecino que pueda contra nuestro destino: ser libres e independientes, dignos y soberanos.

Tenemos que entender: el verdadero enemigo es el que destruye la justicia, el que mina la libertad. Ese vive, y es de aquí. Ese mina desde dentro nuestro destino y nos hace vulnerables ante las potencias, nos hace víctimas del chantaje y débiles para defender nuestras libertades tan duramente conquistadas. Los “profetas” que, si no están asociados en las sombras con los que fomentan manifestaciones en contra de RD, al menos se alegran porque les fortalece. Ellos profetizan lo peor, no porque lo ven, sino porque lo desean.