La prueba sentimental

federico

La poesía puede darte, de una sola sentada metafórica, una visión amplia y profunda de la vida humana. En ocasiones más rica que un tratado o un ensayo. Siguiendo los pasos de un filósofo, por los áridos caminos de la teoría deductiva, tardaremos muchísimo en llegar a una conclusión “sostenible”. Ningún “instrumento” de la lógica tradicional puede asegurarte la veracidad de una proposición. La imagen poética, en ciertos casos felices, actúa como un postulado o un axioma de la geometría euclidiana. Invade, con el rostro de la verdad, el corazón y la cabeza. Esta clase de verdades, reveladas a través de metáforas, resisten la razón pura, la razón práctica y la “confrontación” sentimental.

Las obras de arte todas, muestran, como quien abre un cofre, el gran tesoro de la realidad en que habitamos; especialmente la poesía, que es capaz de llegar a una precisión de detalles que no consigue alcanzar ninguna escuela de pintura. La poesía es una arte “oblicuo” de “alta definición”. Se ha dicho que no hay pensamiento sin lenguaje; incluso, que las palabras son piezas de nuestro pensamiento; que pensamos con palabras; que no hay “voz baja” sino palabras articuladas en silencio. Los lingüistas más radicales creen que la lengua piensa unos pensamientos que suponemos son nuestros. Como entes pensantes, somos prisioneros del idioma.
La poesía es la proa del progreso de la lengua, pues abre senderos inesperados al pensamiento filosófico. La idea de la evolución de las especies animales fue formulada por un poeta: Erasmo Darwin, abuelo de Carlos Darwin, autor formal y “científico” de “El origen de las especies”. El poder “sugeridor” de la poesía es enorme. Un poeta predicó acerca de la luz, llamándola: “Ángel verdadero que delata el relieve/ más fino de las cosas”.
La poesía es un “dicho”, pero no un “dictum”, parecido al de la tradición filosófica latina, algo que se dice de todo –“dictum de omni–”, una predicación sobre la totalidad de las cosas; no; la poesía es un “dicho” individualmente aplicado. El poeta puede aludir al asombro que produce en el hombre la contemplación del mundo, diciendo: “De toda esta demencia la luz es la culpable”. Los físicos y cosmólogos contemporáneos quizás lo expresen “ligeramente mejor”.