La psicología de la esperanza

El hombre y la mujer en la edad productiva parecen no entenderse con el mundo en que viven, y mucho menos con la sustentación en valores relativistas de las sociedades post modernas. Esa angustia y agonía por el estatus, la conquista de la vanidad y la sed insaciable por lo tangible: Dinero, confort, vida cara, buen vestir, carro lujoso, viajes; en fin, acceder al “parecer” como expresión de felicidad.

Esa insatisfacción crónica para la mayoría y aguda para aquellos que han intentado en los últimos años, ha generado frustraciones, ansiedad, depresión, desesperanza, y hasta suicidio.

Hoy quiero y deseo hablar del sentimiento renovador de la esperanza. Donde a través de ella asumimos la creencia de que es posible cambiar el espíritu negativo y pesimista de algo. Esa fuerza que se deja sentir, en la convicción de que existe un futuro mejor, se reafirma en la esperanza.

Las personas depresivas, con visión en túnel, pesimista y negativas ven todo a su alrededor desesperanzados, inseguros, temerosos, donde siente que nada puede cambiar su existencia depresiva y su futuro desolador, donde todo lo percibe sin salida; producto de bloqueo de su pensamiento, de su baja autoestima y de su falta de esperanza.

Sin embargo, en la terapia hay que hablar de esa esperanza, de la pasión de lo posible y lo posible se construye en el día a día. La esperanza, fortalece la voluntad y junto a la fe nos alimenta para creer cuando otros no creen, para no flaquear cuando otros viven de rodillas y han perdido el empoderamiento social y espiritual.

Bloch habla de la esperanza como una manera activa y militante de la espera. El mundo y los hombres tendrán que cambiar. Esa esperanza tiene a los españoles esperando cosas mujeres y diferentes. A los ciudadanos estadounidenses, la esperanza les dice que vea el presente y futuro con oportunismo y confianza.

América Latina guarda la esperanza y la creencia de nuevas oportunidades, de mejor distribución y cohesión social, para su gente volver a tener esperanza. La esperanza puede ser social, grupal, económica, política; pero también, puede ser de pareja, familiar y hasta individual. Cada persona tiene que encontrar la fuerza necesaria para superar obstáculos, vencer frustraciones, cerrar y curar procesos negativos, traumas históricos de lo que nos han hecho responsables o aceptamos que nos culparan.

La esperanza nos ayuda a creer en sí mismos; a darnos esa gran oportunidad esperada, y soltar esa carga pesada de por años que tiene el nombre de resentimiento, odio, envidia o culpa.

La esperanza es un factor protector del que hay que aferrarse, para no caer en los riesgos ni vulnerabilidades de una sociedad patológica y desesperanzada.