La pusilanimidad criolla estimula la agresividad haitiana

En parte de nuestra conducta social existe un comportamiento pusilánime frente a los embates externos, que muy pocas veces actuamos con valor y nos lamentamos de que todo el mundo nos ataca y atropella, sin querer ni poder sacudirnos de esa indolencia, distorsionadora por completo del verdadero carácter del dominicano.

Esa actitud de sumisión frente a los embates externos, nos deja muy mal parados, cuando en otros escenarios y ambientes nos caracterizamos por ser agresivos y hasta emprendedores, pero el complejo de ser sumisos y arrodillarnos frente al extranjero es algo innato de una cortesía en exceso, rayana en la sumisión frente al extranjero, que una vez llevó a un presidente decir que si tal potencia le solicitaba la renuncia, él lo haría.

Ahora mismo la inexistente diplomacia criolla está dando muestras de una irresponsabilidad total frente a una agresividad de los vecinos occidentales, que conscientes del miedo dominicano, ha aumentado su beligerancia, y hasta se percibe en ambos países nos les interesa reunirse de nuevo, después que los dominicanos iniciaron el plan de regularización mediante la ley aprobada por el Congreso.

Frente a ese nuevo escenario, los haitianos, continuando su plan de atacar y no darle sosiego a los dominicanos, quieren imponer pautas a la implementación de esa ley de regularización, e impiden que sus nacionales consigan fácilmente los documentos requeridos para ese proceso, con el establecimiento de cuotas astronómicamente elevadas para la economía de los haitianos buscando con urgencia esa regularización, y con la meta de lograr la nacionalidad dominicana en un futuro no muy lejano.

La Cancillería haitiana, en la búsqueda de escollos que dificulten a sus nacionales la obtención de la regularización, ha establecido esas cuotas de obtención de documentos muy elevadas con el objetivo de buscar que sus nacionales se desesperen, y convertidas en turbas, presionen para obligar al Gobierno dominicano a obviar la presentación de documentos que permitan una identidad más o menos segura.

La pusilanimidad dominicana obliga a los funcionarios a estar sumisos a las presiones del exterior, como ya está ocurriendo con Amnistía Internacional para imponer que los haitianos se presenten sin ningún tipo de documentos emitidos en su país, ya que ellos no pueden ofrecérselos a sus ciudadanos.

La costumbre criolla de estar siempre sumisos a las presiones y requerimientos amistosos de otros países y potencias, les ha permitido a los vecinos occidentales jugar con la blandenguería criolla frente a los requerimientos externos, y así lograr que a los dominicanos nadie les cree y aumenta la percepción de que realmente esta es una sociedad racista, pese a que nuestra población tiene cerca de un 84% de población negra y mulata, y solo un 16% blanca; por lo tanto, aumentan las presiones para que las autoridades criollas reduzcan los requisitos para acogerse al plan de regularización, como paso previo a una nacionalización, que es el objetivo de esa población flotante, sin rumbo ni destino, que no sea a largo plazo apoderarse de la parte oriental de la isla, a la que ya le quitaron unos 4 mil kilómetros cuadrados.

Los haitianos tienen recursos para aprovecharse de la pusilanimidad criolla, ya que al contar con el apoyo de potencias y entidades dominicanas, sus más increíbles acusaciones en contra nuestra tienen asidero, así pueden configurar planes de ataques de los más variados matices, que van de acuerdo a las circunstancias de cada evento, que en este año y en cada uno de los dos encuentros binacionales, varían de acuerdo al momento partiendo de la sentencia 168-13, y manipulando y condicionando los encuentros.

Ahora se quiere desvirtuar el plan de regularización, contando con el apoyo solapado de organismos internacionales y criollos que buscan por todos los medios, azuzados por Haití, de hacer colapsar la soberanía nacional para que sumisamente, y por ser tan pusilánimes en nuestra conducta, dejar abierta la frontera para que se produzca un trasiego libre de los fronterizos de occidente.