La renuncia de Danilo

UBI RIVAS
Los titulares de los diarios presentaron el día ocho del presente mes de noviembre en sus primeras páginas, la desde hace tiempo esperada noticia de la renuncia del licenciado Danilo Medina como secretario de la Presidencia.

Es la resultante de un no muy nuevo escarceo entre Danilo Medina y su “compañero” de la base en el PLD gobernante, doctor Leonel Fernández, presidente del PLD y de la República y hasta ahora, líder de ese partido y el único identificable entre los tres grandes partidos políticos que conforman el stablisment dominicano.

El forcejeo, a todas luces, no es porque el presidente Fernández obstruyera las recomendaciones a puestos en la administración pública de Danilo, a quien se reputa en varias vertientes, la de gran organizador, una, la de demoledor y convincente expositor, la otra, y arbitrador de la inmensa mayoría de las estructuras partidarias del PLD, una última o tercera, porque pudieran haber más.

El forcejeo evidente y palpable se orienta por la porfía de la “ñoña” para el certamen del 16-05-08, en que desde hoy se asegura, que de cualquier manera, el PLD prosigue en la cresta de la ola del poder hasta 2012, una verdad a medias en dos vertientes.

En dos vertientes porque no es verdad absoluta, sino maniquea, que el PLD gana de cualquier manera y con cualquier candidato las próximas elecciones presidenciales y vicepresidenciales, y que todo depende del desempeño que en lo económico demuestre el presidente Fernández para que el elector se sienta motivado por los beneficios obtenidos en su administración y cómo esos beneficios repercutan en su estómago y en su faltriquera en el momento de depositar su voto, que nunca es para vencer absolutamente, sino siempre para castigar.

Maniquea y no absoluta de que con cualquiera se gana, porque el PLD dispone de figuras controversiales unas, potables otras, más allá de Leonel y de Danilo, y la exclusión de los dos para viabilizar una opción serena y triunfadora, encontraría eco en el perfil del depositario ante un consenso entre ambos para declinar y luego endosar.

Es el director de Presa de la Presidencia, Rafael Núñez, que introduce una versión desconcertante cuando el día once del presente mes de noviembre, afirma que el PLD no está en zafarrancho reeleccionista, que desvirtúa todo lo conectado con la renuncia de Danilo, que ningún otro emotivo le inducía a decidir la renuncia de su poltrona y el alejamiento del gobierno, no del PLD, cosas muy diferentes.

Es innegable que el hijo preclaro de Arroyo Cano procura, por segunda vez, la banda presidencial, toda vez que la procuró en 2000 y fue vencido por el tropel perredeísta de los que, inclusive el suscrito, entendió que Hipólito Mejía, con el desempeño como titular de la SEA que concretizó 40 proyectos novedosos, de llegar al poder, transformaría de cuajo las estructuras todas del país, y lo que al final hizo fue caotizar el entorno nacional hasta el piso y endeudarnos hasta el asfixia. Error de cálculo en los que creímos en él.

El presidente Fernández, un excelente comunicador más que en cualquier otra actividad de su vida, conoce los percances y desastres que ha producido el fenómeno de la reelección que ha resultado un esperpento mefistofélico y la causa de las más absolutas trágicas nacionales, superiores a los desastres de terremotos y huracanes que hemos padecido.

Lo odioso y nefasto de esa malapalabra que se llama reelección. El rechazo por experiencias traumáticas de la sociedad dominicana a esa desgracia política.

Además que la reelección se hace y/o consigue de dos maneras, o con un desempeño económico satisfactorio para las grandes mayorías, o con la tramposería electoral que mal no enseñó, como en otras vertientes perversas, el doctor Joaquín Balaguer, uncidas al fuercismo de militares en zafarrancho de campaña.