La respuesta

Claudio Acosta

No creo que se trate, como opinan por ahí, de la respuesta del Departamento de Estado al presidente Danilo  Medina por el  “boche patriótico” que le dio al embajador James W. Brewster, a quien su incontinencia verbal  sigue metiendo en problemas. Pero es evidente que la noticia de que la empresa brasileña Embraer, fabricante de los Tucano, admitió haber pagado US$3.3 millones a oficiales dominicanos ha llegado  en el peor momento, pues tanto fue el ardor y la convicción conque el mandatario le reclamó al embajador  Brewster que le señale los casos de corrupción de los que tanto se queja que casi llegamos a creernos que éramos víctimas de una vil calumnia y que  aquí nadie se ha robado un peso nunca.  La realidad, sin embargo, es muy distinta, como nos está recordando el escándalo en el que está envuelta  la empresa fabricante de los Tucano, que aceptó pagar US$205 millones a Estados Unidos por incurrir en soborno y corrupción en varios países, entre ellos la República Dominicana. También nos está recordando, esa publicación, que en el país hay cuatro personas acusadas de recibir el jugoso soborno de los brasileños, entre ellos un exsecretario de las Fuerzas Armadas y un coronel de la Fuerza Aérea, pero no hay un  solo político. ¿Cómo es posible que ahí se repartieran US$3.3 millones y ni uno solo de esos dólares fue a parar a sus voraces  bolsillos? Un amigo, abogado para mas señas, quiso regalarme su “teoría” al escucharme rumiar en voz alta la pregunta, y aunque no la acepté  por simplista la comparto con mis lectores. “Lo que pasa, me dijo, es que después de lo que ha ocurrido con los casos de corrupción que han ido a la justicia el Ministerio Público le ha cogido miedo a meter pejes gordos en los expedientes, como ya se vio en el caso de la Oisoe, pues no llegan a ninguna parte. Si con los chiquitos tampoco van a ningún lado, por lo   menos el alboroto no es  tan grande”.  Y me sonrió cínicamente.