La riqueza política de Miguel Vargas

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MELVIN MATTHEWS
“El mundo exige resultados. No le cuentes a otros tus dolores de parto, muéstrales al niño”.
(Indira Gandhi, 1917-1984, estadista y política hindú)

La riqueza de Miguel Vargas Maldonado es fundamentalmente política, pero sus rivales y detractores suelen resaltar de forma maliciosa su patrimonio económico.

La riqueza que atesora Vargas Maldonado contiene un revestimiento moral transparente, pero sus calumniadores pretenden vincular su fortuna personal, fruto de una luenga obra empresarial que abarca más de tres décadas, a transacciones viciadas e inmorales.

Para sus rivales internos y críticos infamantes, Vargas Maldonado cometió un error cuando se decidió por abandonar su postura tradicionalmente discreta dentro del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), y buscar la nominación presidencial de cara a la elección del año 2008, e intentar convertirse en el nuevo líder que reinstalará en el poder al perredeísmo.

Sus rivales preferían que el ingeniero Vargas Maldonado permaneciera a su lado de forma anónima, sustentándolos con su tremenda capacidad de trabajo y amplios conocimientos de gerencia y administración, entregándoles sus estrechas  relaciones con el mundo empresarial, las relaciones internacionales que heredó de Peña Gómez y, sobre todo, aportándoles su instinto recaudador y el grueso de sus finanzas para apoyar proyectos presidenciales ajenos, condenados al fracaso por su visión desfasada de la problemática nacional, representantes de una vieja generación que reniega el retiro, impopulares y cómplices en los desmanes internos que dividieron y sacaron del poder al partido de José Francisco Peña Gómez.

Al lanzar su aspiración, Vargas Maldonado terminó la época en la cual él era el principal recaudador de fondos para las campañas de los líderes del momento, quien buscaba dinero para sufragar convenciones, urgencias y demandas administrativas. En ese sentido, era frecuente escuchar entre la alta dirección perredeista frases como esta: “Faltan 5 millones para el mitin de cierre de campaña y no hay un chele en el banco. Llamen a Miguelito”. Claro, él era el principal recaudador, junto a otros, menos decididos.

Si Vargas Maldonado no hubiera optado por buscar la nominación presidencial, afectando con ello intereses creados dentro del PRD, su riqueza personal, que incluye yate, helicóptero,  avión privado, mansiones en la capital y La Romana, y su amplia colección de cuadros y esculturas, donde figuran obras del colombiano Botero y renombrados artistas nacionales y extranjeros, no hubiera trascendido, porque era preferible que ese caudal personal estuviera disponible tras bambalinas para financiar y encumbrar otras aspiraciones, como hasta ahora.

Pero sus rivales y detractores pierden de vista que la riqueza de Vargas Maldonado es fundamentalmente política. Ha sido construida al fragor de una militancia perredeista que empezó a mediados de la década del 70. Una carrera matizada por la lealtad al ideal perredeísta en los momentos más difíciles de la organización, una carrera caracterizada por denodados esfuerzos políticos al lado de Hatuey Decamps, Salvador Jorge Blanco, José Francisco Peña Gómez, Hipólito Mejía  y de centenares de dirigentes, trabajando en tareas, negociaciones y comisiones tan importantes como las de Estrategia, Electoral, Organización, Comunicaciones, Prensa y Propaganda, pero sobre todo, al frente de la poderosa Comisión de Finanzas desde que Peña Gómez fundó el Bloque Institucional antes de 1990.

Imagino que a doña Milagros Ortiz Bosch, su rival en la convención del 7 de enero del 2007, le gustaría tener a su lado a un colaborador de la talla de Vargas Maldonado; ella le ofrecería una ridícula vicepresidencia a un hombre de reciedumbre presidencial, pues ella también es testigo de primera mano de la entrega al PRD y la laboriosidad de su competidor. Pero la competencia política es amoral, olvidadiza y no contempla reconocimientos al rival.

A ese enorme caudal político se debe la sintonía de Vargas Maldonado con el pueblo perredeísta, al participar por primera vez en una contienda interna buscando la nominación presidencial. La casi totalidad de los senadores, diputados, síndicos y regidores del PRD, los miembros de la Comisión Política, del Comité Ejecutivo Nacional, del Presidium, de los comités provinciales, municipales y de base de la organización socialdemócrata respaldan el proyecto MVP. Añádale el creciente apoyo externo y encontrará las razones por las cuales una multitudinaria manifestación de masas se concentró dentro y fuera del Palacio de los Deportes el pasado sábado 4 de noviembre, para apoyar la oficialización de la candidatura presidencial de Vargas Maldonado. A la diatriba y la mentira se responde con estrategias políticas y, hasta ahora, tengo el pálpito de que la convención semeja un trámite formal favorable al MVP.

Vargas Maldonado es un político de gran inteligencia, que posee “la capacidad de decidir”, la condición que el estadista europeo Jean Monnet reconoció en Harry Truman, una persona para nada intelectual, pero cuya decisión en 1945 cambió dramáticamente el curso de la historia de la humanidad. “La capacidad de decidir”, una cualidad extraña para la presente administración de Leonel Fernández, quien más que inteligente, es un intelectual, un profesor de atildadas conferencias y trato afable, pero que delega la practicidad del gobierno en otros ejecutivos, incluso en Andy Wolfe, el jefe de la misión del FMI, quien trató en su nombre el controvertido tema de la reforma fiscal.

Creo, finalmente, que la parálisis económico-social del país demanda en el Palacio Nacional un hombre de gran inteligencia, pragmático, no un intelectual. La nación reclama una figura que encaje dentro de la mejor definición de estadista democrático que sigue siendo hasta ahora la de Bagehot: “un hombre excepcional de opiniones comunes”.