La salida de Danilo deja a Leonel en apuros

http://hoy.com.do/image/article/332/460x390/0/8A5AB710-70BA-4ED1-ACC0-A092C33655B5.jpeg

Se auguran mayores dificultades para el gobierno que pasa por una mala racha, mientras el PLD afronta los riesgos de una lucha interna que podría desgarrarlo.

POR JUAN BOLÍVAR DÍAZ
La renuncia del influyente secretario de la Presidencia Danilo Medina cuando el gobierno pasa por su peor momento intentando una nueva reforma tributaria que confronta un rechazo generalizado coloca en mayores dificultades  políticas al presidente Leonel Fernández.

Aunque no lo desean los dos principales líderes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) esta dimisión abre una etapa de confrontación que podría crear problemas de gobernabilidad y generar desgarramientos internos de dimensiones difíciles de predecir.

En adelante el primer mandatario tendrá que medir sus pasos no sólo en función nacional y de las reacciones sociales y políticas externas a su partido, sino también de las fuerzas internas donde Danilo Medina parece tener un influjo determinante por su dominio de la maquinaria partidista.

En líneas paralelas

La dinámica de la política que unió durante más de una década al doctor Leonel Fernández y al ingeniero Danilo Medina los ha colocado en líneas paralelas que les impiden una acción coincidente y coherente, y no hay ninguna duda de que la dimisión de Medina está motivada en una firme determinación de procurar la candidatura presidencial para los comicios del 2008, mientras el actual presidente acaricia una reelección.

La debilidad en que aparecen los partidos de oposición y la circunstancia de que las encuestas indican que el PLD ganaría dentro de dos años con cualquiera de sus dos líderes como candidato son factores que incentivan la lucha por la candidatura presidencial del partido morado.

La separación de Medina no solo deja al gobierno sin uno de sus mejores ejecutivos, cuando más lo necesita, sino también que priva al presidente de quien ha sido su brazo fundamental en las campañas electorales que lo han llevado al poder.

Pero el dimitente y sus seguidores más cercanos entienden que Fernández tiene el compromiso de apoyar sus aspiraciones presidenciales, que data de 1994 cuando Medina habría declinado la candidatura vicepresidencial y favorecido que recayera sobre el actual presidente, lo que fue un impulso determinante para que dos años después emergiera como candidato presidencial.

Danilo Medina dirigió las campañas electorales que en 1996 y el 2004 llevaron a Leonel Fernández al poder. Sus cercanos sostienen que en la última ocasión el respaldo del primero se habría producido sobre la base de que recibiría un trato recíproco en la contienda presidencial venidera.

Seguidores de Fernández niegan que exista tal compromiso, pero de cualquier manera, el otro frente peledeísta entiende que “es tiempo de Danilo”, quien en el 2000 perdió la presidencia a manos de Hipólito Mejía, tras una gestión peledeísta que no logró prender en las mayorías.

Justamente una de las razones por las cuales Medina hace meses que trataba de separarse del gobierno es porque ha comenzado la promoción de la repostulación de Fernández. El lunes en las celebraciones en San Cristóbal del Día de la Constitución aparecieron letreros y artículos de promoción  parodiando que “es  tiempo de Leonel”.

El compromiso de Danilo

En la declaración que leyó ante la prensa el miércoles 8, Danilo Medina dejó claros sus propósitos, tras considerar que había cumplido su compromiso con el gobierno de Fernández, quien hasta ese mismo día había tratado de disuadirlo de la renuncia, como lo logró en agosto pasado.

 Su salida fue “bien meditada” y respetuosa con la tarea que impulsa el Presidente, al que deseó que Dios ilumine en la solución para “resolver los problemas que aún tenemos pendientes los dominicanos”.

Dejó explícito que seguirá sirviendo al país “desde el interior del Partido de la Liberación Dominicana al que me debo y al que considero un pilar fundamental de la democracia”, considerando que en política es positivo alejarse de la presión cotidiana para “renovar fuerzas y diseñar nuevas estrategias para afrontar con mejores perspectivas el futuro que merecemos”.

Y concluyó afirmando que seguirá correspondiendo la confianza de sus conciudadanos y compañeros de partido “con trabajo y con pasión” y que podrán seguir contando “con mi esfuerzo, mi entusiasmo y mi compromiso para lograr una República Dominicana más digna y más justa para todos”.

Danilo Medina no dejó dudas de su determinación de buscar la candidatura presidencial del PLD. Habrá que esperar ahora la del presidente Leonel Fernández, a quien se atribuye la virtud, que para algunos es debilidad, de que evade las confrontaciones, pero que es en la actualidad el político dominicano de mayor liderazgo nacional e internacional.-  

Medina busca distancia

Para más de un observador, la dimisión de Danilo Medina el mismo día en que el equipo económico entregó al Presidente un proyecto que aumentaría impuestos por miles de millones de pesos, es una forma de evadir las consecuencias políticas y preservarse frente a un gobierno que sufre desgaste desde que el calendario marcó el inicio de su segunda mitad. Aunque un allegado la negó y otro dijo que tendrán que aprobar la reforma tributaria.

 Cuando el Secretario de la Presidencia anunció su dimisión ya circulaba el duro comunicado suscrito por las 26 más importantes asociaciones empresariales en el que se rechaza tajantemente que sea necesario ni conveniente un aumento de la carga tributaria, considerándolo una “contrarreforma paradójica que atenta contra la competitividad de la empresa local” ante la entrada en vigencia del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Centroamérica.

Los empresarios, al igual que la generalidad de las entidades políticas, sociales y hasta religiosas critican el desproporcionado aumento del gasto corriente y demandan austeridad y eliminación del gasto superfluo sin afectar lo destinado a educación y salud. También focalizar el subsidio al gas propano, reducir el de la electricidad, renegociar los contratos energéticos, cumplir a cabalidad la ley de compras y contrataciones del Estado y mayor eficiencia recaudatoria.

Comunicadores peledeistas alineados con Medina han sido críticos progresivos de la política de inversiones del gobierno, incluyendo el saco sin fondo del metro de Santo Domingo, y de una serie de contrataciones e inversiones que han devenido en escándalos en los últimos meses.

Dentro de estos, hay quienes tienen la convicción de que el afán por concluir el metro antes de las elecciones del 2004 comprometerá peligrosamente la economía nacional con repercusiones políticas electorales. Se estima que para lograr ese objetivo, que consideran parte fundamental del esfuerzo reeleccionista y del financiamiento de la campaña, el gobierno tendría que triplicar en el 2007 los cerca de 5 mil millones de pesos que le ha destinado este año, una de las razones por las que requiere elevar la carga impositiva.

Aún entre dirigentes y simpatizantes del PLD crece la convicción de que el presidente Fernández se desgastará con los problemas económicos del país y critican la prioridad que da el gobernante a su fundación, a seminarios y consultas y a las relaciones exteriores. Uno de ellos expresaba preocupación por la atención presidencial a un torneo de golf y un festival de cine, mientras los sectores sociales rechazaban los aprestos impositivos.

Riesgos calculados

Los danilistas, al igual que los leonelistas, no desean la confrontación y calculan sus riesgos, uno de los cuales es que al salir del gobierno Medina pierda poder, pero creen que dedicándose a afianzar su control de la maquinaria partidista, y contando con la adhesión de una gran mayoría de los legisladores y cuadros políticos, harán imposible que el presidencialismo se imponga.

Fernández conserva mucho mayor aceptación nacional que Medina. Su capacidad discursiva y carisma, más el poder presidencial le dan considerables ventajas, pero frente a las dificultades económicas y el creciente descontento nacional, tendría dificultades para una repostulación sobre todo si tiene que usar recursos gubernamentales para ganar la lucha interna, lo que debilitaría al PLD y reduciría su caudal electoral.

Un destacado dirigente peledeísta entiende que el presidente ha dejado el partido en manos de Medina por carecer de vocación para los amarres internos, porque tiene poco contacto con los cuadros nacionales, cuestiones en las que su contrincante tiene algo más que postgrado. Reflexionaba que Fernández sería magnífico en una democracia parlamentaria donde un primer ministro se encarga de las ejecutorias gubernamentales, mientras el presidente cultiva el carisma nacional e internacional.      

 Hace ya tiempo que entre sectores empresariales crece la convicción de que el presidente es un carismático de grandes propósitos, empeñado en una reforma constitucional, pero “Medina es quien resuelve”, lo que es avalado hasta por ministros del gobierno, mientras el tiempo transcurre sin que se resuelvan problemas como los de energía, subsidios, déficit del Banco Central, corrupción, competitividad de los sectores productivos y obras prioritarias.   

 La estrategia de los danilistas no pasa por la confrontación y evadirá los desgarramientos, calculando que los leonelistas tendrán que concentrar su atención en  los problemas del gobierno evitando un mayor debilitamiento al interior del partido.

 En adelante el doctor Fernández no solo tendrá que calcular el costo nacional de cada decisión gubernamental, sino también el interno dentro de su partido. Sus errores y tropiezos nacionales serían capitalizados por la corriente alterna del peledeismo. 

Desde luego, al doctor Fernández lo favorece el peso tradicional del presidencialismo que en materia continuista siempre se ha impuesto dentro de los partidarios, excepto cuando Antonio Guzmán lo intentó en el Partido Revolucionario Dominicano durante el período l978-82. Pero le resultaría más difícil con una situación económica que lo aleja de los sectores sociales determinantes, sobre todo si impone una nueva carga tributaria, escenario que ya anuncia un incremento de protestas sociales.