La solidaridad en pasarela

POR CARMEN  IMBERT BRUGAL
Ahora los golpes en el pecho y las jaculatorias, convocatorias anónimas y amenazas. Recuentos históricos de hidalguía y amor al prójimo. Brazos abiertos y caridad. Ruido y ausencia de nueces. Se escuchó el disparo y todos están en la pista dispuestos a correr para llegar a ningún lado. Y los gestores del tinglado tranquilos en sus palcos, riendo y calculando ventajas, apostando al desbarajuste, no importa el origen ni las consecuencias. Es bulla para interrumpir la prescripción de un problema pendiente y luego, desde cero, retomar la camiona, renovar el tráfico que reporta beneficios espléndidos, inventar encuentros, tratados, pactos que ratifican mentiras y promesas vanas. Unos y otros compiten en la palestra con estrafalarias tesis sin posibilidad de ejecución, mientras desdeñan las leyes nacionales y los dictados internacionales.

Desde el 1844 hasta el 1937, desde el genocidio hasta hoy, languidecen cientos de ensayos, investigaciones, conferencias, convenios, propuestas. Nadie pondera su contenido. La realidad dominico-haitiana ha sido estudiada en distintas épocas por xenófobos, racistas, libre pensadores, socialistas, fascistas, religiosos, oportunistas. Sólo eso, estudiada. De vez en cuando adviene el azoro, la afrenta, las fábulas y la alharaca. ¿Por qué el concierto de voluntades que alardea de su arrojo y anuncia la debacle no exige acciones definitivas al gobierno dominicano? ¿Por qué no solicita la investigación correspondiente para descubrir cómo funciona la concesión de visas? ¿Por qué no propugna por la aplicación de la Constitución y las leyes vigentes y pide garantizar la seguridad de la frontera? ¿Por qué no indaga cuál es la opinión del gobierno haitiano acerca de la emigración? ¿Por qué no explica a la comunidad internacional las múltiples vertientes del problema? ¿Por qué no revisa la profusa bibliografía y así evita pifias y la reiteración de falacias?

La “Encuesta sobre Inmigrantes Haitianos en República Dominicana” realizada por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales -FLACSO- y la Organización Internacional de las Migraciones -OIM- después de evaluar 40,000 viviendas y escoger 4,000 ocupadas por haitianos, ofrece resultados imprescindibles para referirse al tema. Establece, por ejemplo, que la población inmigrante está compuesta por un 75.5% de hombres y 22.4% de mujeres, que la inmigración no está respaldada por contratos inter-gubernamentales ni por reclutamientos colectivos. “Ahora la contratación se ha privatizado, está en manos de actores privados, como muchas otras actividades y operan redes y buscones de nuevo cuño. El sistema legal de la RD auspicia la ilegalidad de los inmigrantes al carecer de un marco jurídico o de reglamentaciones que faciliten la regularización del proceso migratorio. Un porcentaje importante de esos trabajadores ingresan al país legalmente, aunque su permanencia no lo sea, debido a que ingresan con pasaporte haitiano y visa de turista expedida por los consulados dominicanos y luego se quedan como trabajadores. Estamos frente a un ingreso lícito para empleos ilícitos. Esto se produce en actividades urbanas más demandantes de trabajadores inmigrantes, como es el caso de la construcción y con los inmigrantes que trabajan por cuenta propia”.

EL 71.2% de los haitianos encuestados dijo no haber sido ofendido por dominicanos debido a su origen. Al 61.4% nunca le han solicitado sus documentos de identidad. El 77% no ha  sido encarcelado. El 53.9% se confiesa católico, un 25.3% protestante y un 3% prácticante de vudú. El 87.4% se considera haitiano, sólo un 7.1% dominico-haitiano y un 4.9% dominicano. El 55.4% viaja a su país y durante el viaje el 35.9% dice que no ha sido molestado por las autoridades nacionales. Un 17.6% de las molestias proviene de los militares y un 14.3% de los civiles. Las “molestias” son definidas como: dirigirse a ellos de mala forma (85.3%), registros de mala manera (83.7%), bajarlos del transporte (83.1%), pedir dinero para dejarlos proseguir el viaje (80.9%) y devolución a Haití (58.9%).

Rafael González Tirado y Michiel Baud en el ensayo “Política, Identidad y Pensamiento Social en la República Dominicana expresan: Aunque el antihaitianismo está presente en las clases populares, no siendo raros los comentarios desvalorizadores de los haitianos, para muchos estas opiniones desempeñan un papel insignificante en sus vidas… los sentimientos populares parecen haberse desarrollado con bastante independencia de la propaganda política de la élite. Las visiones populares están influidas por ideas antihaitianas y existe una preferencia popular por características blancas…”.

No está demás recordar que Juan Pablo Duarte Díez, forjador de la separación de Haití, nació durante el período de la España Boba. Su padre era español y su madre, dominicana, hija de español. Es Joaquín Balaguer quien propone en su libro “La isla al Revés” la anfictionía como solución para la convivencia entre Haití y Santo Domingo (sic). El autor sugiere una Constitución paralela “que garantice la existencia en toda la isla de un régimen democrático, fundamentalmente idéntico para los dos países” y agrega “bajo esa Constitución podría reconocerse, con determinadas restricciones, la doble ciudadanía a los naturales de ambos países…”.

Sensato sería repasar, cotejar, antes de la algazara peligrosa e infructuosa. La provocación es pasajera. El miedo y la solidaridad farfullera nada resuelven. Aquí todo seguirá igual, aunque algunos prefieren que la situación empeore y para lograrlo cuentan con el respaldo de organizaciones internacionales. La reacción podría ser fatal. ¿Estarán preparados, unos y otros, para enfrentarla?