La Suprema y solemnidad notarial

Al designar únicamente tres Notarios de entre setenta que se examinaron y cuarenta y dos que pasaron las pruebas, luego de esperar once años, nuestra Suprema Corte de Justicia está enviando, sin dudas, un mensaje a los demás Notarios activos y también al resto de quienes en el país utilizan los servicios de esos funcionarios detentadores de la fe pública que proviene directamente de la soberanía de la República, en cuyo nombre deben actuar.

De la obra “Derecho Notarial, Teoría – Práctica – Legislación Fiscal”, de la autoría del jurista Benjamín Rodríguez Carpio y patrocinada por el Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia, vale citar al doctor Artagnán Pérez Méndez cuando expresa que el Notario es el Testigo de La Verdad, y narra cómo en los tiempos del imperio bizantino la Notaría se otorgaba como si fuere una ordenación de tipo religioso, y el rito seguido para investirlo era impresionante, parecido a la imposición de manos que consagran a los Ministros del Señor.

Inclusive, continua narrando el doctor Pérez Méndez, “El notario, en aquella sociedad teocrática, era ungido, incensado y se le tomaba el juramento, sobre las Escrituras Sagradas, para que prometiera actuar apegado a la verdad. Al ceremonial le seguía un ágape cordial, en la presencia de los colegas, que marchaban en procesión hacia el lugar del acto social”.

Hoy en día en nuestro país el Notario es considerado, más bien desconsiderado, tratándosele como un empleado más en la burocracia de las empresas comerciales.

El banco otorga un préstamo y luego que el acreedor y el prestatario acuerdan y firman, el Notario es llamado, o se le envía el documento para que lo “legalice”. La empresa de bienes raíces patrocina la compra o venta, o alquiler, de un inmueble, prepara la documentación necesaria, la cual, después de firmada es enviada al Notario, o éste es invitado a pasar para “notarizar” las firmas. Tal cual ocurre con los gestores que concertan inversiones en el país y al juntar a las partes en sus acuerdos jamás conciben que las firmas deben ser estampadas en presencia de los Notarios, antes de ser legalizadas por estos.

La solemnidad empleada por nuestro más alto tribunal al juramentar a los tres nuevos Notarios, tras lo riguroso del procedimiento para su escogencia, denota que los altos magistrados están enviando un mensaje de recordación tanto a los juramentados como a los demás Notarios activos del país para que demos a la investidura notarial su verdadera importancia y la ejerzamos con la solemnidad y fidelidad que requieren los principios y las leyes que rigen la materia.