La tumba de Dante en Buenos Aires

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DIÓGENES VALDEZ
Naturalmente que el insigne poeta italiano todavía se encuentra sepultado en Padua, pero en Buenos Aires existe un edificio que fue construido especialmente para albergar los restos inmortales del autor de La Divina Comedia. Nadie sabe si sabía o no la decisión del rey de Italia Umberto II cuando se opuso a tales pretensiones. Este edificio se conoce con el nombre de Palacio Barolo.

La historia de dicho palacio, un edificio monumental que da a dos de las principales arterias de Buenos Aires: la avenida de Mayo y la calle Hipólito Irigoyen, cuenta que fue financiado por el empresario italiano Luis Barolo, quien sería el primero en instalar un hilandería de lana peinada en todo el territorio argentino. Luis Barolo encontraría en su compatriota, el arquitecto Mario Palanti, a un profesional capaz que compartía su amor por Italia y en particular, su admiración por la obra de Dante Alighieri. Preocupado el industrial por la hecatombe que anunciaba el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, Barolo concibe la idea de financiar un proyecto que inmortalizara la cultura de su Italia, representada en toda su magnitud por la figura de Dante. Lo que más le mortificaba era la posibilidad de aquella vorágine pudiera hacer desaparecer los restos de aquella eximia figura de la cultura universal.

La finalidad del Palacio Barolo era, de que en caso de que sus pronósticos se convirtieran en una fatídica realidad, los restos de su poeta preferido pudieran encontrar la paz definitiva en esa tierra de promisión que era Argentina.

El monumental edificio, con una altura de cien (100) metros está lleno de analogías y referencias a la Divina Comedia. Palanti se adhiere a la tradición que se iniciará con la construcción de aquellas catedrales góticas que intentaron ilustrar cómo era el cosmos: “la planta del edificio está construida en base a la sección áurea y al número de oro”. El Palacio está dividido en tres partes para recordar las divisiones de La Divina Comedia: Infierno, Purgatorio y Cielo.

Las correspondencias con la obra capital de Alighieri son asombrosas e intenta en forma obsesiva corresponderse con las participaciones y jerarquías del universo de Dante: los pitagóricos, Aristóteles, Ovidio, Horacio, Virgilio y los testamentos bíblicos. Los cien metros de altitud corresponderían a los cien cantos de La Divina Comedia. En el piso de la primera planta se encuentran grabados círculos de fuego y dragones, además de otras grafías que aluden al primer canto de la magna obra de Dante: el Infierno. Hay gárgolas interiores por donde imaginariamente debían escaparse las flamígeras llamaradas del averno.

Los veintidós pisos representan el número de versos de cada una de las estrofas. Posee una cúpula central que en teoría correspondería al piso 24, pero ésto no lo hace constar el empleado que sirve de guía. Encima de la cúpula hay un faro poliédrico con una potencia de unas 300 bujías y que representa los nueve coros celestiales y sobre éste, se encuentra la constelación de la Cruz del Sur, que se ve alineada con “el eje Barolo” en los primeros días de junio.

Aunque los restos de Dante Alighieri no se encuentran dentro de los muros del Palacio Barolo, su presencia se siente por todos los rincones y pareciera como si su espíritu confortara a todos los que lo visitan este enorme edificio.