La UASD y el Estado

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Las relaciones entre el gobierno del presidente Danilo Medina con la dirigencia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo requiere de altas dosis de comprensión mutua sobre el papel que a cada quien le corresponde desempeñar. Razones de índole social, política y económica han sido enarboladas por uno y otro a modo de justificar sus respectivos planteamientos. El financiamiento de las escuelas, politécnicos y universidades públicas es sólo uno de los graves problemas que en la actualidad enfrenta la administración peledeísta. De su parte, la Universidad Primada no ha cesado en sus afanes de crear y transmitir conocimientos, y de configurar una permanente conciencia crítica de la sociedad. No entra en nuestro propósito un análisis retroactivo de las penosas condiciones económicas en que ha tenido que desenvolverse nuestra Alma Mater en las últimas décadas. Un estudio semejante, además de estéril, sólo haría más ostensible una conclusión muy conocida: el deliberado empeño de algunos en negarle a la Universidad Primada los indispensables ingresos para su buen desenvolvimiento y el de otros de ver la UASD convertida en una institución parasitaria del Estado, en una pequeña rueda de la gigantesca maquinaria burocrática de la administración pública.
Después de un desesperante proceso de reforma universitaria que abarcó más de medio siglo, hace unos días aparecieron en el Campus de la Universidad estatal unos personajes que, sin consultar a sus colegas, y sin cumplir con el requisito de que una asamblea así lo decidiera, impidieron el inicio del semestre en perjuicio de miles de estudiantes y del crédito de esa Alta Casa de Estudios. ¿Por qué lo hicieron? ¿Conmovidos por frustradas esperanzas e incumplidas leyes? Ahora, nos toca asumir el reto de rescatar la estructura organizativa de nuestra Alma Mater y orientarla en un verdadero sentido de Universidad del saber, de institución que repugna los localismos y los conocimientos baldíos.
No es nuestra intención en este artículo analizar las tensiones entre los representantes del gobierno y los dirigentes universitarios; tampoco, las razones que impulsaron a algunos dirigentes de la Federación de Asociaciones de Profesores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (FAPROUASD) a comportarse como se comportaron pasando por alto el hecho de que la Universidad Primada de América ha sido testigo de la evolución de una sociedad que ha avanzado entre la tradición y el progreso, entre las viejas costumbre y las más avanzadas investigaciones, en un continuo desarrollo de carácter político, económico y social que la ha afectado muy de cerca, obligándola a mantener una tensa y activa vigilia en busca de un mínimo respeto hacia quienes configuramos el cuerpo académico de esa Vieja Casa de Altos Estudios. Por su comportamiento, y por su ignorancia de lo que autonomía universitaria significa, ya no vale la pena responder a preguntas como ésta: ¿En qué proporción debe aumentárseles los salarios de los catedráticos de la UASD y de los demás servidores de esa Alta Casa de Estudios?
La Universidad que heredamos hoy es la que nació en Europa en conexión con la evolución cultural que tuvo lugar en la Baja Edad Media, en momentos en que se transformaba la sociedad europea, claudicaba en parte el sistema feudal, y surgía una organización urbana de la convivencia. La UASD como creadora de ciencia –en el concepto que hoy acuñamos- no empezó a ser realidad hasta el final de la llamada “era de Trujillo” cuando todavía algunos de sus más conocidos intelectuales de esa época resistían para no adaptarse a los nuevos tiempos. Hoy, gracias a esfuerzos y al sacrificio de muchos, más que un pequeño grupo de bullangueros asociados, la UASD es una comunidad de hombres y mujeres que estudian, enseñan, investigan y sueñan.