La utilidad marginal decreciente del hombre macho

Rafael Acevedo

Propongo un análisis objetivo del machismo. La ciencia debe evitar una visión parcializada (e ingrata) del macho, como si ser machista fuera una elección personal simple. Ingrata porque el macho ha sido, históricamente, una importantísima herramienta económica y un arma de defensa, hoy en desuso, como esos veteranos de guerras perversas o incomprendidas, que ni los sus héroes sienten orgullo por sus medallas. Los machos, como ahora los misiles, los artefactos atómicos y cibernéticos, eran, al mismo tiempo, instrumentos de guerra y bienes económicos altamente preciados.
Atesorados por los imperios, inmisericordemente utilizados por los gobernantes, (con apoyo popular, mujeres incluidas), como defensa contra los invasores bárbaros, que violaban mujeres, y expoliaban y esclavizaban a todos. De modo que la primera en insuflarle el “dulce et decorum est pro Patria mori” (honor de morir por la patria) era su propia madre; también sus novias, esposas y hermanas. Eran los que siempre morían por millares. (Muchas crónicas lo atestiguan). Pero la tecnología reciente ha declarado al macho como un instrumento bélica y comercialmente obsoleto, apenas tan útil como una doncella o un adolescente. Incluso un niño puede manejar una computadora (PC), y como si se tratase de un juego de guerra espacial, o un Dragon Ball, desde un lugar cualquiera, distante y seguro respecto al objetico bélico, operar un “drome” u otro artefacto teledirigido con capacidad de destrucción masiva. Resultando ser, el imberbe, un efectivo militar más eficaz que Rambo y los hombres rana juntos.
Actualmente el macho mayormente sirve para enfrentar “tígueres” en el barrio, defender espacios públicos ocupados mañosamente, cobrar sobornos y lidiar con políticos, explotadores, facinerosos y mafiosos diversos. Pero aun no le alcanza para proveer a su mujer y su casa, y termina frustrado, amargado, convertido en un suicida, capaz de destruir lo que más ama: Su mujer y sus hijos.
Desvalorizado como productor-proveedor, no puede costearse una vida de macho, que incluye gastos que se comparan, guardando distancias, con las de un funcionario, para ser respetado en su ambiente y no sufrir sentimientos de inferioridad e impotencia. Mientras, la mujer es cotizada en el sector formal, moderno, con empleo limpio, en aire acondicionado, entre gentes de primera. Finalmente, para lo único que vendría sirviendo el macho sería, con buena suerte, para conquistador, o para “tíguere muelú”; pues para las mujeres superadas y liberadas tampoco califica siquiera como semental. Con un futuro muy incierto pues, aseguran, que viene el día en que cada mujer podrá optar por comprar su fertilización “in vitro” en el colmado de la esquina, y tener relaciones libres con quien le plazca, del mismo o del otro sexo. L@s estudios@s anti machista (también lo soy, mas no a ultranza), deben desarrollar soluciones y tratamientos algo más realistas y menos tendenciados acerca del fenómeno. Y los machos, pues, tendrían que unirse y, como hacen sus opositor@s y adversari@s: procurar especialistas, ideólogos y ONG que los defiendan.
O acaso procurar un “aggiornamento” y orquestar un re-lanzamiento mercadológico con un enfoque de la más palpitante y globalizada actualidad.