La verdad es la mejor defensa del libre comercio

Comentario Editorial
Si la ronda de Doha no ha muerto, su pulso apenas se siente. El fracaso el lunes en las conversaciones entre los seis jugadores principales, ha convertido un oportuno y significativo acuerdo sobre la liberación del comercio en algo improbable. El obstáculo principal fue un desacuerdo sobre protección agrícola: Estados Unidos estaba presionando por mayores reducciones en las barreras arancelarias, pero otros, temerosos de una inundación de alimentos subsidiados no estuvieron dispuestos a aceptarlo, a menos de que EEUU redujera sus subsidios a la agricultura.

La causa más profunda es que los pocos que disfrutan de la protección del comercio ha demostrado ser políticamente más eficaces que la mayoría que espera ganar con la liberalización y con frecuencia no llega a comprenderlo. Si existe un futuro para el libre comercio, eso tendrá que cambiar.

Es cierto que las informaciones sobre la muerte de las rondas de comercio en ocasiones son exageradas. La ronda de Uruguay parecía no tener remedio en diciembre de 190l, pero posteriormente se pudo resucitar. Es difícil imaginar un milagro similar ahora.

El acuerdo extendido este verano era esencial porque el presidente Bush perderá su autoridad para negociar, su “fast track”, en julio de 2007. El tiempo que se toma ir desde un acuerdo internacional a la ley estadounidense es tal que la “ventana de oportunidad” es casi seguro que esté cerrada ya. El “fast track” delegó la autoridad para negociar a la rama del ejecutivo y le permitió al presidente hacerle ofertas de “lo toma o lo deja” al Congreso. Esto es decisivo: ningún otro país accedería a un acuerdo equilibrado sabiendo que el Congreso escogerá y descartará determinadas provisiones, motivadas por un cúmulo de intereses de grupos.

Sin embargo, hay poco interés en el Capitolio por renovar la autoridad negociadora del presidente. La defensa de la liberación del comercio es simple: no es inteligente poner piedras en tus propios puertos. La liberalización encalló porque sus defensores fracasaron en defender ese argumento elemental. Al contrario, han dependido de la ficción mercantilista sobre la cual la Organización Mundial de Comercio en su totalidad está construÍda: que las negociaciones sobre el comercio se supone que equilibren el placer de incrementar las oportunidades de exportación con el dolor de importaciones baratas.

Cualquier consumidor le dirá que no hay nada doloroso en consumir autos japoneses, beber champán francés, y ver TV de pantalla plana chinos, a precios cada vez más bajos. Los políticos no han demostrado ser adeptos a vincular esa proposición intuitiva a sus posiciones de negociación. El resultado fue una ronda de comercio en la que cada negociador pudría darse el lujo de retirarse. Ahora, las industrias que solían empujar con fuerza a favor de la liberación multilateral se las componen con acuerdos bilaterales de libre comercio, burocracia y todo lo demás.

En retrospectiva, definir la ronda Doha como la “ronda del desarrollo” resultó una táctica equivocada. La liberalización del comercio resultó exprimida entre los militantes sangrantes que no creyeron que la ronda podría ayudar a los países en desarrollo, y los cabilderos despiadados a los que no les importaba. Los defensores del libre comercio ahora cuentan con algún tiempo para desarrollar un nuevo espacio de ventas. Quizás deberían probar diciendo la verdad.

VERSION: IVAN PEREZ CARRION