La verdadera trampa de la deuda externa

EDUARDO KLINGER PEVIDA.
EDUARDO KLINGER PEVIDA.

La pasada semana recordaba cómo la abundancia de petrodólares en los años 70 disparó la deuda de América Latina desde 20 mil millones en 1980 a 282 mil millones en 1982 provocando la brutal crisis de la deuda externa de los ochenta, la década perdida latinoamericana. Hay quienes temen que podamos estar acercándonos a perder otro decenio. Los países que eufemísticamente llaman “en desarrollo” o “emergentes” confrontan un dilema trágico: ni las exportaciones ni sus reservas internacionales aportan los recursos imprescindibles para financiar políticas de desarrollo teniendo que buscar financiamiento externo para cubrir los planes y después seguir pidiendo préstamos para pagar los anteriores y/o equilibrar sus balanzas de pagos. Una verdadera trampa de deuda. La crisis que explota en 2008 fue motivada por un derroche irresponsable de préstamos hipotecarios por la alta disponibilidad de liquidez producto que la banca, y el gobierno de EEUU –escenario principal de la crisis– intentaron neutralizarla inyectando efectivo a la banca y bajando las tasas, mezcla ideal para nueva espiral de endeudamiento.
No solo los “emergentes” se han desbocado endeudándose, también los desarrollados han caído victimas de su propia vorágine, aunque el efecto y la disyuntiva no es la misma para unos y otros. El FMI señala que el pico de pasivos en todos ha ascendido a niveles históricos. En economías avanzadas se encuentra en equivalencia del 100% del PIB, monto que solo se había alcanzado previamente en la Segunda Guerra Mundial. En nuestras naciones supera, como promedio, el 50%, muy por encima del nivel pre crisis de los ochenta que provocó desequilibrios macroeconómicos e incapacidad de pago, por el momento amortiguado por las bajas tasas prevalecientes. En la Segunda Guerra Mundial la deuda de los “en desarrollo” no llegaba al 50% del PIB, en la crisis de los 80 llegaba casi al 55%, durante la crisis asiática de 1998 estuvo en 50% pero ahora supera el nivel de los ochenta; razón más que suficiente para encender luces rojas. En América Latina desde 2014 la proporción deuda/PIB subió de 20 a 30 – la parte china es absolutamente minoritaria – acompañada de déficits comerciales y fiscales. Chile, adeudando en 2018 unos 188 mil millones, llega al 60% del PIB. Argentina es de los que más se han endeudado entre 2014 (145 mil millones) y 2018 (249 mil millones), un 43% del PIB– responsable FMI -. Colombia pasó de deber 101 mil millones a 132 mil saltando de una relación con el PIB del 27 al 39%. México de una deuda de 286 subió a 467 mil millones, un 38 del PIB. Nada de ese estrangulante endeudamiento impactó la construcción de infraestructuras, excepto, la verdad es la verdad, el financiamiento chino.
En junio de 2019 la deuda de las economías avanzadas era de 179,5, la de los emergentes 71,4 – récord -, todo en millones de millones. Lógicamente, las deudas de EEUU y China tienen gran peso aunque son muy diferentes. Washington debía en 2018 más de 18 millones de millones y China más de mil millones de millones. Fuente: CIA WorldFact Book.