La Vespa
Una dama de 60 años que continúa desatando pasiones

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La más reciente se celebra estos días en Roma, dentro del hotel Flora, en la lujosa vía Veneto, donde quien lo desee podrá ver hasta el próximo 15 de junio, algunos de los modelos míticos de esta línea de motocicletas cuya producción inició Piaggio en 1946.

Entre las “avispas” -vespa en italiano- que se exhiben en la exposición “Miti in viaggio” (Mitos de viaje) destaca una Vespa 125 de 1951-1953 en color verde, similar a la inmortalizada en el film de William Wilder “Roman Holiday” (Vacaciones en Roma).

La película de 1953, en la que Audrey Hepburn y Gregory Peck pasean por la Ciudad Eterna subidos en la entonces poco conocida Vespa, supuso el lanzamiento internacional de este “motorino” (moto pequeña).

Poco después de la Segunda Guerra Mundial, Enrico Piaggio inició a trabajar en prototipos de un nuevo vehículo a dos ruedas.

Tras varios intentos, entre ellos el bautizado como “Paperino” (Patito), Piaggio se decantó por el proyecto del ingeniero aeronáutico Corradino D’Ascanio, que contemplaba un vehículo en el que alguien que no hubiera montado nunca en una motocicleta pudiera manejarla sin problemas.

Su diseño a modo de escudo por delante, un único manillar para manejarlo y sus curvilíneas formas a modo de avispa se presentaron en sociedad en abril de 1946, en el exclusivo club de golf de Roma.

La capital italiana incorporó así un nuevo elemento para continuar siendo la Ciudad Eterna y el scooter pasó a convertirse en un símbolo de la reconstrucción del país en la posguerra.

La Vespa 125 de 1949 que se puede apreciar en la exposición corresponde a aquel primer modelo, del que difiere en un motor de mayor cilindrada – de los 98 iniciales a 125 centímetros cúbicos- con los que se podían alcanzar los 70 kilómetros por hora.

La buena acogida de la nueva dos ruedas de Piaggio fue tal que en 1949, tres años después del inicio de su producción, ya existía su primer club de apasionados: el Vespa Club de Italia, famoso por aquellos tiempos de gloria.

Su actual presidente, Roberto Leardi, explicó a Efe que el éxito que todavía hoy registra esta línea de scooter radica en “una concepción muy práctica de estas modelos”.

Para Leardi, una de las claves es su longevidad ya que a un modelo de época, como los que se exhiben, “si se le cambian las bujías y los platinos aún sigue funcionando después haber pasado  tantos años”.

La carrocería de este “medio único” es otra de sus virtudes: “con un pulido, como se hace con los monumentos de mármol”, puede convertirse en un modelo de colección.

Desde la década de 1980, el Vespa Club de Italia tiene un registro histórico en el que se incluyen los scooter que han ido restaurando sus socios a lo largo de su historia.

La asociación que preside Leardi, con sedes en todo el territorio italiano y con organizaciones homólogas en todo el mundo, pone en marcha eventos y concentraciones donde predomina “un sentido de la amistad y de intercambio” derivado de su pasión por este particular scooter.

El perfil del coleccionista es amplío “al haberse subido en ella cuatro generaciones”. Por ello, en estos clubes se dan cita “desde el chico de 14 años que arregla una Vespa antigua en su garaje” a personas que con 80 años continúan participando en estos eventos “con entusiasmo”.

Leardi, autor de libros sobre las connotaciones históricas y culturales del conocido scooter, señaló además que la Vespa hizo su “pequeña” contribución a la emancipación de la mujer porque “aunque llevaran faldas o pantalón la podían manejar igual”.

Las competiciones que los adolescentes romanos hacían durante la década de 1960 en zonas como Montemario, donde aún hoy se contempla una panorámica única de la capital italiana, también se recuerdan con un modelo de 1962.

La Vespa 160 de 1962 que se exhibe en un color blanco “hielo” fue uno de los primeros modelos donde la rueda de repuesto se incluía en el hueco posterior del manillar.

Al valor mecánico que introducía Piaggio el mundo cultural agregaba otros atractivos que potenciaban “el espíritu de la Vespa”.

Así, se convirtió en uno de los vehículos favoritos de la Hollywood que se trasladó a las orillas del Tíber para rodar películas en los estudios Cinecittà durante las décadas de 1950 y 1960.

Actualmente es uno de los iconos de Italia en el mundo gracias a los “paparazzi” de “La Dolce Vita” (1959) del genio italiano Federico Fellini, que se subían a ella para perseguir a Anita Ekberg o a los paseos motorizados de Nanni Moretti por Roma en “Caro Diario” (Querido Diario), de 1993.

La atracción que suscita este sinónimo de Italia llevó en marzo de 2000 a la creación de una colección propia en el Museo Piaggio de Pontedera (norte de Italia).

Tiempo atrás la Vespa también revelaba la tribu urbana a la que algunos pertenecían, ya que este scooter era una seña de identidad de los jóvenes “mods” británicos, como se refleja en el film de Franc Roddam “Quadrophenia” (1979).

El mundo de la música también ha recurrido en varias ocasiones al famoso “motorino” para evocar otra época.

Uno de las temas más recientes era precisamente de un grupo italiano, los Lunapop, que en 1999 cantaban lo “fantástico” que sigue siendo “dar vueltas con los pies sobre sus alas”. En definitiva, la Vespa sigue despertando pasiones alrededor del mundo.