La Victoria, otro sagrado intento
de cine nacional

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POR CARLOS FRANCISCO ELÍAS
El profano suele juzgar el cine por lo que ve en la pantalla, juzga resultado, si es que juzga algo. No supone que todo lo que ve, supuso un proceso de preparación y diseño, para luego tener los resultados que admira, le asombran, le dejan indiferente o rechaza.

Pero el proceso de hacer cine tiene otros andamiajes más complejos que los resultados mismos, tiene el problema de su temática primero, su puesta en escena, su montaje, previo a ello, sus actuaciones.

Si hacemos una revisión de la trayectoria del cine que se filma en nuestros país con personal dominicano en general y un esquema de sus dolencias fundamentales, me atrevería a destacar tres puntos básicos:

A) una buena historia.
B) un buen guión.
C) soporte histriónico.

Poco a poco en materia de dominio técnico los avances se notan y nos dirigimos en este sentido hacia buen puerto.

Si bien observamos en los créditos de “La Victroria”, notaremos una presencia femenina en la sección de asistentes del director, que es buen augurio, porque tener buen director y ayudante experimentado que le asistan está bien…

Si observamos la película La Victoria a partir de los tres puntos arriba planteados como materia prima del cine, observaremos que las pretensiones del film son largas, tan largas, que se quedan cortas al final.

Una historia de soporte que como intento thriller, es muy simple y su pretensión de complejidad no logra abarcar los géneros que se propone.

En esa materia prima que tiene el cine antes de la puesta en escena, la relación trama/guión en el caso de La Victoria los resultados hablan solo, el desarrollo de lo planeado apenas alcanza un nivel de verosimilitud convincente, pero no importa, la película sigue y trata de desarrollar lo que originalmente se propone : convencernos de un hecho cotidiano de la vida ciudadana. Película de intrigas, thriller, film cutre, o como se le quiera llamar, en su intento de ensayo de género La Victoria se queda en un híbrido, del que quizás con otro tratamiento de guión, hubiera resultado un excelente drama social, porque el tema de la cárcel sus historias humanas y sus tragedias se prestan para ello y en el caso de cine de intrigas, con un mejor planteamiento de la historia hubiésemos tenido lo que lo que se pretendía: un thriller con materia prima carcelaria…

El contexto del cine/denuncia tampoco vale como etiqueta a la película, porque quizás en lo desesperada de la búsqueda por acercarse al “cine de aventuras” (un género más), prefiero ese derrotero que una temática más social para una película que con sinceridad, por su tema, pudo haber tenido una mayor trascendencia en el debate nacional sobre asuntos derechos humanos etc.

Porque vale decir, que construida en un terreno inhóspito hacia 1952 por el dictador Trujillo, La cárcel tomó el nombre de un poblado interurbano, llamado la La Victoria, que valga la paradoja es el nombre más contradictorio para encubrir un hacinamiento de injusticia humana heredada de la dictadura, el hecho mismo que la sociedad dominicana hasta el momento no haya tenido la fuerza ciudadadana necesaria para transformar aquello, habla muy mal de las voluntades políticas y del natimuerto sector liberal dominicano, que suele hacerse llamar democrático y humanitario.

En este sentido, pese a que a no es su objetivo, la película de la Victoria nos enfrenta, de todos modos, ante una lacra societal que mueve a reflexión sobre condiciones de vida que una supuesta democracia de papel, apenas ha podido cambiar.

Queda la cinta como un testimonio, no importa en este caso los defectos que pueda tener la película en su realización, con el tiempo guardará el valor de un testimonio de la existencia de una maldita ignominia, bajos fondos a lo Maximo Gorki, cadáveres vivientes en un espacio donde lo correctivo no tiene objeto alguno: porque la huella antihumana de La Victoria ha producido monstruos que luego se han expresado trágicamente en la sociedad.

En en el contexto general de la película, la denuncia de corrupción de los funcionarios de la cárcel es un apunte marginal en el contexto de la trama, no tiene una función clave, no pone en evidencia con fuerza definitiva, este tema.

Porque la escritura del film está hecha bajo otro criterio: la aventura o el intento de la cárcel vista con ojos de extranjero a partir de sus momentos duros y dificiles.

Personajes criollos mezclados con extranjeros…

Personajes criollos mezclados con extranjeros, en un universo carcelario recreado por su sordidez y abyección.

Desequilibrada en materia de actuación, cuando hablan los protagonistas los actores de soporte parecen estatuas inanimadas observándose una estrategia de figuración inmóvil.

Dos actores llevan la película: Julio Mota (el viejo) y Richard Douglas (Aquiles)…

En el caso de Mota, era lo menos que se podía esperar de un experimentado hombre de teatro, cine y televisión venezolano.

Richard Douglas, de su lado, muestra que es posible hacerse el pendejo en la tv y en su momento asumir el cine con ganas de hacer un buen trabajo.

Me queda una curiosidad: ¿ conociendo el excelente y habitual trabajo fotográfico de Claudio Chea, sería interesante saber qué pasó con algunas tomas de tiro largo, que dieran una perspectiva del entorno combinadas con el resto de las tomas de corto alcance buscando un climax de ambiente cerrado? Sospecho que debe haber una explicación que desconozco, pero el resultado es el que señalo…

La Victoria es otro intento del cine nacional, nada logramos con decir que no existe Cine Dominicano, lo importante es que se depuren etapas evitando todo gesto paternal, conmiserativo, lo importante es que se escriban textos sobre lo que se hace no en base a que es una película dominicana, per se, así no se llega a ningún lado, finalmente : lo importante es aquilatar este momento y avanzar, se irá emergiendo según aciertos y corriendo errores…