La vida entera es Abril

POR HAMLET HERMANN
Mañana será 24 de abril. Otra vez celebraremos aquel glorioso levantamiento popular que dio al traste con el gobierno golpista encabezado por ricos ambiciosos y guardias trujillistas bajo el patrocinio de la embajada de Estados Unidos.

Estos hechos son algo digno de recordar, de celebrar y de tratar de que los conozcan cerca de seis millones de dominicanos que han nacido en este país desde los acontecimientos de 1965. Desafortunadamente, los que vivimos aquello caemos en el error de conmemorarlo como una cosa aislada, como si fuera una fotografía y no como una película que rueda 24 cuadros cada segundo.

Tenemos que aprender a ver “la guerra de abril” como un parte aguas, una divisoria en la historia dominicana y latinoamericana. Un hecho circunstancial que provocó un salto en el desarrollo de la sociedad política del continente. Un acontecimiento que decantó a los dominicanos entre los que defendían la patria y los que respaldaron al invasor; los indiferentes nunca existieron. En estas fechas tenemos que tener catalejos históricos para poder comparar el gobierno constitucionalista de Caamaño y el gobierno entreguista inventado por el estadounidense John Bartlow Martin. También veríamos el “gobierno provisional” que nos impuso Ellsworth Bunker y las “democráticas” elecciones, con las tropas estadounidenses todavía ocupando nuestro país, que llevaron a Balaguer a mantenerse doce años en el poder a golpe de crímenes y de corrupción.

En estos días debemos elogiar a los constitucionalistas que haya que elogiar al tiempo que condenar a los que violaron las normas más elementales de la convivencia humana. Porque lo importante no es haber defendido la Constitución de 1963 a partir del 24 de abril, para “rajarse” a los cuatro días cuando los yanquis desembarcaron en molote.

Como nada tiene de valioso el haber permanecido en la zona constitucionalista todos aquellos meses si al final y de espaldas al pueblo se puso de acuerdo con Bunker y compañía (Cía) para imponer a Héctor García Cáceres como Presidente provisional, quien se encargaría de mirar hacia otro lado ante las matanzas selectivas de constitucionalistas luego de que depusieran las armas con las que defendieron la patria.

Lo mismo puede decirse de aquellos que, después de haber demostrado enorme valentía personal en 1965, se vendieron a precio de propina a Balaguer y al imperio para traicionar al presidente Caamaño y contribuir así a su fusilamiento sumario en 1973.

De muy poco sirve ahora un apodo de “Comandante” si años después se vinculó a la peor de la política dominicana para negar lo que alguna vez defendió y aceptar rangos militares, colocándose como sumisos subalternos de los que alguna vez asesinaron la democracia dominicana.

Francis Caamaño resume la tenacidad, la persistencia y la convicción en sus objetivos. De principio a fin fue auténtico en su defensa de la patria y la democracia. Así lo expresaba uno de los compañeros que eligió prepararse en Cuba junto con Caamaño. Decía Manuel Matos Moquete en 1987 y su sentencia todavía es tan válida como el primer día.

“Caamaño luchó y murió en nombre del pueblo, de la colectividad, de la causa pública, abandonando su vida privada y su designio personal para devenir lo que hoy es: héroe social. Si por razones de método tuvo que escoger la vía de la clandestinidad, trasladándose subrepticiamente hacia Cuba, viviendo y actuando de incógnito en ese país, hasta desembarcar e internarse en las montañas dominicanas en la más completa oscuridad del secreto militar; todo eso lo hizo para volver al seno de su pueblo; el mismo pueblo que en la guerra de abril lo aclamó y lo eligió como su mejor representante en la lucha contra el invasor.”

De la misma manera, en estos días debemos traer a colación lo que algunos han opinado sobre la figura principal de los hechos que ahora conmemoramos. En la extensa entrevista que sostuviera con el periodista Ignacio Ramonet, Fidel Castro dijo:

“No tenemos derecho a olvidar a Francisco Caamaño, joven militar dominicano que durante meses combatió heroicamente contra 40 mil soldados de Estados Unidos que el presidente Johnson hizo desembarcar en República Dominicana el año 1965 para impedir el regreso del Presidente Constitucional Juan Bosch. Su tenaz resistencia a los invasores al frente de un puñado de militares y civiles, que duró meses, constituye uno de los episodios revolucionarios más gloriosos que se han escrito en este hemisferio. Caamaño, después de una tregua que arrancó al imperio, volvió a su patria y entregó su vida combatiendo por la liberación de su pueblo.”

Después de esto, sólo queda por decir: Caamaño vive.