La violencia conyugal en RD

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POR MARGARITA QUIROZ
Las mujeres que profesan las religiones evangélica, adventista y pentecostal tradicionalmente son más conservadoras que las que practican la católica, creen más en la perspectiva de un Dios que ama y castiga con la misma intensidad con la que se ha obrado en la vida y, eso las lleva a una posición de mayor subordinación frente a su pareja.

Estas explicaciones sustentan la conclusión de la investigación “Violencia conyugal en la República Dominicana, hurgando tras sus raíces”, la cual señala que las mujeres que practican estas religiones están más propensas a ser víctimas de violencia intrafamiliar.

Para algunos esta conclusión dista mucho de la realidad, debido a que estas mujeres se entregan “en cuerpo y alma” a su religión, centran su vida en los predicamentos de Dios y por tanto consideran la violencia como un pecado. A esto se le agregar el hecho de que estas mujeres contraen matrimonio, por lo general, con un hombre que coincide con su filosofía de vida y religión.

No obstante, sus investigadores Francisco Cáceres y Germania Estévez Then ofrecen datos estadísticos, que se desprenden de la Encuesta Demografía y Salud del 2002 (ENDESA), con los que sustentan sus aseveraciones.

Como bien explica la investigación “Violencia conyugal en la República Dominicana, hurgando tras sus raíces”, el 21% de las mujeres católicas que han tenido o tienen compañeros han sido víctimas de violencia.

Mientras que, en las religiones antes citadas, la cifra se eleva a un 27%.

Es decir, de acuerdo al investigador, el riesgo que tiene una mujer cristiana no católica de ser atrapada por las redes de la violencia es 50% mayor.

El estudio realizado a nivel regional tomando como muestra unos 20 mil hogares, da cuenta de que la República Dominicana sigue siendo un pueblo eminentemente católico, pese al auge tomado por las otras religiones.

El 65% de la muestra consultada es católica y el 13% pertenece a la religión cristiana no católica. Esto evidencia que, aunque la cifra es menor, la proporción de mujeres maltratadas es más elevada.

Como bien plantea Cáceres, esto indica que hay que trabajar no solo en el entorno de la escuela, sino también en las iglesias.

Otro dato que llama la atención en la investigación es que las mujeres jóvenes están más proclives a convertirse en víctimas de la violencia conyugal; lo que resulta contradictorio, ya que se supone que éstas “son las hijas” del Internet, la televisión por cable y las que tienen mayor acceso a la comunicación e información en términos universitarios.

Sin embargo, el 13% de las mujeres en edades de 15 a 19 años están de acuerdo que el hombre les puede pegar.

En cifras estadísticas, esto significa que el 22% de las mujeres entre 15 a 49 años de edad han sido maltratadas por sus compañeros o ex compañeros.

Pese a que el Distrito Nacional es la ciudad del país de mayor interacción social, de comunicación y en consecuencia donde vive la gente más moderna y documentada, es donde hay más violencia.

En Santo Domingo, Enriquillo y el nordeste el riesgo que tiene la mujer de sufrir maltrato físico es 66%. Es decir, que una de cada cuatro mujeres residentes en este contexto geográfico han sido golpeadas por sus compañeros.

También corren mayor proporción de riesgo de sufrir los embates de la violencia de género las mujeres que viven en ciudades; las trabajadoras domésticas, las divorciadas y las esposas de hombres que consumen bebidas alcohólicas, éstas últimas independientemente de la condición social, geográfica y demográfica. Además, estas mujeres tienen dos veces la posibilidad de experimentar maltrato físico que las que tienen esposo que no consume bebidas alcohólicas.

La investigación concluye, además, que las ciudades donde la violencia es más baja son Montecristi, Dajabón, Valverde y Valdecia, con un 18%; pese a ser lugares con grados elevados de pobreza, lo que en definitiva es un condicionante de la violencia.