La Violencia Sexual Infantil se establece de manera silente

29_09_2016 HOY_JUEVES_290916_ El País6 A

Con una tolerancia social generalizada, de manera oculta pero a la vez a la vista de todos, la violencia sexual hacia los menores crece y se establece en localidades de la República Dominicana, con el agravante de la falta de cifras creíbles para conocer el tamaño real del ‘monstruo’ y con la consiguiente debilidad de las sanciones para los que se involucran en esas prácticas.

Instituciones como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que suministró las informaciones para la anterior conclusión, realizan ingentes esfuerzos por documentar los casos de ese tipo de abuso, pero apenas ha logrado estimados con muestras de otras entidades interesadas en el tema.

Precisamente da una idea de la situación el hecho de que, por ejemplo, durante el año 2015 la Procuraduría General de la República recibió 6,741 denuncias por delitos sexuales en todo el país, a nivel de la población. De esos, 236 correspondieron a incestos y 1,767 a ‘seducción de personas menores de edad’. Pero en los primeros cinco meses del año 2016 se habían recibido 896 denuncias de ese delito sexual, un 20% más que el año anterior, pero todavía muy poco si se compara con las muestras.

Un estudio realizado por UNFPA, PNUD y UNICEF sobre conocimientos, actitudes y prácticas sobre violencia basada en género, con la experiencia de 7,768 estudiantes de centros educativos públicos y privados reveló que el 36,4% de las adolescentes y el 32,5% de los adolescentes refirieron haber recibido proposiciones sexuales de parte de personas adultas.

Asimismo estableció que el 20,1% refirió haber sido tocado o tratado de tocar de mala forma por parte de personas adultas. El 8,3% aseguró haber sido molestado sexualmente por algún familiar, siendo ligeramente más alto el porcentaje encontrado en los varones (10,2%).

La evaluación suministrada por UNICEF destaca como dato importante que el 32.9% de los adolescentes frente al 16.6% de las adolescentes participantes en la muestra, dijo haber sido observado mientras se vestía o desvestía, o cuando estaba en el baño.

Comercializando con la dignidad. La increíble, pero cierta, tolerancia de los padres y el entendido de que se trata de ‘un trabajo’ hace que uno de los temas de violencia sexual que más escandalice sea el de la explotación sexual de menores de edad.

En esta delicada práctica, que involucra hasta intermediarios, tampoco se cuenta con datos cuantitativos. Al igual que las otras formas de violencia sexual, las informaciones obtenidas son principalmente sobre los casos identificados o perseguidos, nada preciso.

Unicef hizo referencia a un estudio de la Misión Internacional de Justicia en el 2014, que realizó un estudio basado en observación directa de 210 lugares (negocios, plazas, playas, etc) de Santo Domingo y las Regiones Este y Norte del país, encontrando que una de cada 10 personas en comercio sexual en República Dominicana era menor de edad.

En términos precisos, de un total de 1,816 personas observadas, 181 eran menores de 18 años.

Asimismo un estudio realizado en el actual 2016 por Plan República Dominicana en cinco municipios de Santo Domingo sobre Actitudes y Prácticas Referidas a la Explotación Sexual concluyó que “en esos lugares es indiscutible la existencia de explotación sexual de niños, niñas y adolescentes en todos y cada uno de estos, a la vista de todos, teniendo efecto en lugares públicos, situación que es de pleno conocimiento de la comunidad”.

Sobre la magnitud de la violación, los datos del estudio suministrado por Unicef señalan que el 45% de los adolescentes entrevistados respondió de manera afirmativa a la pregunta de si conocía un niño, niña o adolescente que tuviera relaciones sexuales a cambio de dinero o regalos. También ese porcentaje expresó conocer de lugares o zonas en las que se llevaba a cabo la explotación sexual comercial. “Paradójicamente, al mismo tiempo el 86% de todos los entrevistados (adultos y adolescentes) respondió que denunciaría el delito a las autoridades, de tener conocimiento”, señala el informe.

En cuanto a lo oficial, durante el año 2015 la Procuraduría General de la República identificó 66 casos de menores víctima de explotación sexual y abrió 13 procesos penales, cantidad que continúa siendo baja en comparación con la prevalencia estimada del crimen. La medición fue reconocida como un avance debido a que ese crimen no se perseguía hasta el 2014.

Excusas recurridas. De acuerdo con compilaciones realizadas por Unicef, el hecho de que el fenómeno de la explotación sexual se esté visibilizando, hace que se perpetúen en la conciencia social una serie de mitos que dan la posibilidad de que quienes tienen sexo con menores utilicen ‘excusas’ para justificar sus actos. De acuerdo con investigaciones, una de las más recurridas es la de “no sabía que era menor”.

El texto explica que muchos adultos utilizan el pretexto del aspecto físico (maquillaje, vestimenta y hasta el uso del lenguaje por parte de niños, niñas y adolescentes), así como el presunto “desconocimiento” de la edad de la persona a quien van a pagarle por sexo, para justificar sus actos.

Otro pretexto que se identifica es “ella lo necesita y yo la ayudo”, la información refiere que los abusadores se aprovechan de la situación de vulnerabilidad que tienen los menores para gratificarse sexualmente mediante el uso de su poder económico, posición social, política o de otra índole.

Otra frase que se suele escuchar como pretexto o justificación de la violación es que “las y los adolescentes son prostituidos porque les gusta y eligieron ese trabajo”.

También se dice que la explotación sexual ocurre solo con niñas o adolescentes del sexo femenino”, pero la realidad es que los niños y adolescentes varones, aunque en menor proporción que el sexo femenino, también son víctimas de explotación sexual.

No solo enfermos mentales ni de edad avanzada. De acuerdo con Unicef, los estudios e investigaciones han demostrado que el “cliente” (explotador) puede ser una persona adulta de cualquier edad. Además, los mismos estudios han demostrado que estas personas, en su mayoría, no son enfermos mentales si no personas que cometen un delito.

Otra conclusión del organismo es que la explotación sexual de menores puede ocurrir en cualquier estrato socioeconómico y la misma no solo se da a cambio de dinero si no que también se dan formas de intercambio como celulares, ropas o prendas.