La violencia social y sus consecuencias

En las últimas semanas se ha observado un incremento de la violencia en todas sus formas. Los medios de comunicación presentan estos acontecimientos violentos que se dan forma generalizada, aunque siguen siendo Santiago, Santo Domingo, Moca, la Vega, San Cristóbal y la Romana las provincias donde se registran los mayores actos de violencia. Sería bueno diferenciar la violencia de la agresividad, dado que muchas personas las confunden, y no logran delimitar una de la otra. Diría que la violencia es social, cultural e histórica, donde se compromete la esfera psicológica y social de los grupos que conviven las desigualdades, el estrés, las limitaciones y la desesperanza en sociedades que socializan el desamparo y la desprotección. Pero la agresividad guarda relación con la subsistencia, formando un rasgo de la persona para responder ante las circunstancias de la vida; de ahí que es parte de la esfera biológico o psicológico de los seres humanos. Existen diferentes formas de violencia: ejemplo, la violencia laboral, donde el trabajador recibe hostilidad, acoso y maltrato por parte de sus superiores o compañeros. Pero también se da cuando el pago es deficiente, y no se le reconocen los derechos a los trabajadores, siendo las mujeres las más afectadas dentro del mercado laboral. Otra forma es la violencia intrafamiliar en todos sus modalidades: física, psicológica, emocional y sexual, donde la mujer y los niños son los más afectado; por lo recurrente que es, cientos de familias son víctima de este tipo de violencia, pasando a formar parte de una cultura de violencia de género, pero también de poder, como es el caso de los femenicidios. Esa violencia ha reproducido la disfuncionalidad y las familias rotas y traumatizadas. Sin embargo, la violencia social en la que más observamos y lo que más se reproduce, con las desigualdades, el desempleo, la inequidad en la reproducción de la riqueza donde existen comunidades y personas sin acceso al empleo, a electricidad, agua potable, servicios de la salud, etc.
Cada vez que las personas tienen que afrontar un sistema de transporte caótico y deficiente, es violencia, o no recibir servicio de calidad y calidez, son forma de violencia social, pero también institucional. Cuando aumenta la delincuencia juvenil, la inseguridad, los crímenes, los asaltos, los secuestros, los robos y todo tipo de transgresión a los ciudadanos, son modalidades y consecuencia de esa violencia social. Ese crecimiento de la violencia nos cambia el perfil de “marca país” nos presenta ante el mundo como una ciudad violenta y como ciudadanos de mentalidad y comportamiento violento y agresivo. La reflexión sería que la violencia social, junto al narcotráfico, el mercado ilícito, las condiciones de exclusión en que viven cientos de jóvenes y adolescentes, reproduce la epidemia de la violencia social. Pienso que las políticas públicas en materia de violencia y seguridad ciudadana han fracasado debido a que los programas y estrategia están diseñados para las consecuencias, no en las causas que le dan origen. Hoy por hoy, tenemos una justicia sin credibilidad y una falta de confianza en los actores del sistema.
Me duele observar las muertes por encargo, los homicidios por el abuso y dependencia a sustancias, donde los involucrados son adolescentes y jóvenes, es decir que son víctimas y victimarios a la vez. Hemos llegado a una cultura de violencia y de agresiones, donde los dominicanos somos menos tolerantes, menos reflexivos, menos inteligentes para aceptar el disenso y las diferencias. Parece algo cíclico o recurrente, que no tiene solución, pero que afecta la salud mental de los ciudadanos. Mientras tanto, hemos perdido la capacidad de asombro, y hemos desarrollado la paranoia social, y nos proyectamos hacia fuera como un país inseguro, de cultura de violencia contra la mujer, los niños y los ciudadanos. De continuar aumentando los indicadores de violencia social es de esperar que se afecte el turismo, el comercio, la seguridad, la calidad de vida y la salud mental de los dominicanos.