La virtud de la sal yodada

Más de 2.200 millones de personas en el mundo están en situación de riesgo por no incluir en sus dietas la cantidad de yodo necesaria, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El yodo es un nutriente muy extendido en el agua de mar, en el suelo y en las rocas. Se encuentra en pescados, mariscos y ciertos vegetales. En medicina es muy importante porque está presente en una hormona de la glándula tiroides que afecta al control del crecimiento y a otras funciones metabólicas. Su falta puede, por tanto, impedir el desarrollo del crecimiento y producir enfermedades como el bocio.

Precisamente, en las zonas donde hay carencia de este elemento, el cambio en la cocina de sal común por sal yodada sirve para compensar el déficit, algo que, económicamente, resulta muy asequible.

La falta de yodo tiene sus manifestaciones desde la etapa fetal hasta la edad adulta. Se trata de un elemento “imprescindible” sobre todo durante la primera etapa del embarazo, según Elías Delgado, doctor del Hospital Central de Asturias, que coordina, junto a Francisco Cadórniga, el Grupo de Trabajo de Trastornos por Déficit de Yodo de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), ya que su ingesta hará que la mujer tenga en la sangre las suficientes hormonas tiroideas, que permitirán el adecuado desarrollo del sistema nervioso central del feto.

Además, la falta de yodo en el feto se asocia con una mayor incidencia de abortos espontáneos, anomalías congénitas, mortalidad perinatal, deficiencia mental, sordomudez y cretinismo (enfermedad que se caracteriza por retraso físico y mental).

En opinión de Elías Delgado, la deficiencia de esta sustancia en el caso de las gestantes no se soluciona únicamente con la protección que ofrece la sal yodada. Ante esta situación, aboga por la aprobación y comercialización de suplementos nutricionales específicos de yodo para su uso durante el embarazo, lo que evitaría tener que tomar, como ocurre actualmente, complejos vitamínicos ricos en este micronutriente.

En los recién nacidos, la deficiencia de yodo puede provocar, además, enanismo, retraso mental, estrabismo e hipotiroidismo. Los niños son también muy vulnerables a la falta de este micronutriente, en cuyo caso suele traducirse en bocio (enfermedad de la glándula tiroides caracterizada por un aumento de su tamaño que se visualiza externamente como una inflamación en la cara anterior del cuello), hipotiroidismo, retraso del crecimiento y deterioro intelectual.

En los adultos, el bocio es también la manifestación más común del consumo deficitario de yodo, así como el hipotiroidismo.

Atendiendo a lo establecido por la OMS, las poblaciones con riesgo de padecer trastornos por deficiencia de yodo son aquellas en las que más del 5% de los niños en edad escolar tiene bocio, y las yodurias (sistema de medición del yodo en la orina) medias diarias son inferiores a 100 microgramos por litro.

[b]Consumo recomendado de yodo[/b]

Varía en función de la edad, y aunque se consuman alimentos ricos en este micronutriente, como el pescado o el marisco, no se conseguirán yoduras superiores a los 80 microgramos por litro, según Delgado. Así, en líneas generales, se podría seguir el siguiente esquema, recomendado por la OMS y que recoge la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición:

En bebés prematuros. Se recomiendan más de 30 microgramos por kilogramo.

De 0 a 6 años. Unos 90 microgramos.

De 6 a 12 años. El consumo ideal es de 120 microgramos.

Mayores de 12 años y adultos. Requieren de 150 microgramos.

Mujeres embarazadas y lactantes. Entre 200 y 300 microgramos.