La visión profética de George Orwell: 1984 es ahora

Meditando acerca de unos viejos  apuntes para un proyectado artículo sobre las regiones míticas, me encuentro con el nombre del autor de la futurista pero hoy muy actual novela “1984”, así como de la más que panfletaria “Rebelión en la granja”, alegoría satírica sobre la forma en que se desarrolló el comunismo en la Unión Soviética durante el régimen de José Stalin.

De todos lugares míticos que tengo anotados en mi ya nada confiable memoria, indudablemente las más conocidas son la “Atlántida” de Platón, la “Utopía” de Tomás Moro, el Yoknapatawpha, de Wlliam Faulkner y el Macondo de García Márquez. Otros no menos importantes son: Santa María, de Onetti, Domnei de James Branch Cabell, la “Ciudad del Sol” de Campanella, y la ficticia nación que George Orwell denomina, Oceana (1984) .

La primera profecía de Wells convertida en realidad.  Se puede decir, sin temor a equivocaciones, que Wells fue más profeta que novelista y, más visionario que poeta. En su novela, cuando los científicos más notables no soñaban siquiera con la desintegración del átomo, “El mundo liberado”, publicada en 1914, él se anticipa en treintiún años al bombardeo atómico de Nagasaki e Hiroshima y lo predice, aunque sin especificar el nombre de la ciudad. Textualmente dice: “Fueron arrojadas bombas atómicas”. Pero Wells va mucho más lejos y preconiza una prohibición total de dichas armas, algo que hoy es una preocupación más que generalizada. 

El personaje principal de la novela “1984”  se llama Winston Smith. El apellido “Smith” en idioma inglés viene a ser  el más común de todos. Me ha parecido muy premeditada la elección de tal apellido y más aún, el nombre de “Winston”.

Recordemos que en 1984, Orwell nos describe la vida en la hipotética República de Oceana, regida por un dictador omnisciente, quien controla todos los aspectos de la vida de los ciudadanos de aquella misteriosa nación. Este dictador es “el Gran Hermano”.

Aunque la novela se concentra en narrar la historia de Winston Smith, un empleado del Ministerio de la Verdad, el poder en esta sociedad distópica lo ostentan el misterioso Gran Hermano y la Policía del Pensamiento, quienes mantienen a los ciudadanos vigilados en forma permanente.

La novela se desarrolla en una supuesta sociedad policial en la que el Estado ha conseguido el control total sobre el individuo. No existe la menor oportunidad para la disensión, ni intimidad entre las personas; el sexo es considerado un crimen, las emociones están prohibidas, y la única manera que tienen los ciudadanos para conservar la vida, es por medio de la adoración del sistema. El poder es el único valor absoluto y en aras de la conservación del mismo, todo es permitido. Nada se escapa a la siniestra figura del Gran Hermano, el Jefe que todo lo ve, todo lo escucha y todo lo dispone. La Policía del Pensamiento se encargará de torturar hasta la muerte a los conspiradores, aunque para ello sea necesario acusar a inocentes. Winston y Julia, a pesar de ser miembros del Partido y sabiendo que el Gran Hermano les vigila, se rebelan contra ese poder que se ha adueñado de las conciencias de sus conciudadanos. El camino que seguirán se convertirá en un peligroso laberinto hacia un final incierto.

Tal vez el pasaje más escalofriante de la novela de Orwell es cuando Winston Smith es llevado a la fuerza a la sala 101 y es obligado a permanecer allí con una jaula de ratas sobre sus ojos.

Más de uno, contemplando la realidad geopolítica de hoy debe haberse preguntado si ¿no estamos viviendo aquellos tiempos profetizados por George Orwell en su apocalíptica obra? Recordamos la frase que tomada de aquella novela, formó parte de la promoción con la cual se excitó la curiosidad del lector norteamericano, cuando se le advertía que “The Big Brother is watching you” (el Gran Hermano te está vigilando). Hoy aquella frase tiene una plena vigencia dentro de la sociedad norteamericana, porque los ciudadanos de esta gran nación están siendo espiados por unos pocos y con todos los medios posibles.

Recuerdo aquella primera lectura de 1984 y la promoción que giraba en torno a ella. Era una gran novela anticomunista para los defensores del stablishment. Un panfleto para quienes se consideraban avanzados políticamente, pronósticos que parecieron confirmarse con la aparición de la todavía más panfletaria “Rebelión en la granja”. Hoy, en este Año del Señor (2008), vemos que no tenían razón ni los “tirios ni los troyanos”, porque la realidad nos indica que es ahora cuando estamos viviendo bajo los designios del Gran Hermano. Ya en realidad existe la Policía del Pensamiento la que acatando las órdenes de ese Suprafraterno otorga certificados de buena conducta a naciones y las invade si lo considera necesario, vigila nuestros teléfonos y correos electrónicos, castiga a quienes considera sospechosos, los encierra y tortura en cárceles secretas, como las de Abu Ghraib y Guantánamo, en realidad versiones acabadas de la “Operación Cóndor” que implementaron en el Cono Sur de nuestro continente, dictaduras fascistas, con el natural apoyo de ese Gran Hermano.

Oceana es un territorio mítico que se ha convertido en realidad. Es la misma “Mamita Yunai” de Fabián Dobles, que piensa que todo el universo le pertenece.

1984 es una premonición de Orwell acerca de lo que habría de suceder si el mundo fuese unipolar. Y ahora, cuando desde el otro lado del fiel de la balanza parece no haber quien le haga contrapeso al capitalismo, el Gran Hermano, crecido en poder y audacia y va por el mundo imponiendo sanciones con la complicidad de unos cuantos neanderthales que no evolucionaron y que misteriosamente han logrado sobrevivir hasta los tiempos presentes. Creo que los antropólogos tienen en ellos a verdaderos fósiles vivientes, que podrían lanzar bastante luz sobre la evolución del ser humano.